San José - Esposo y Padre

Autor: Heinz Kulüke, SVD y el Equipo de Liderazgo
Tema: Espiritualidad SVD, San José
Idioma: Inglés, Español
Editorial: Arnoldus Nota, Marzo
Año: 2018

Este año, incluso cuando eventos importantes se juntan para nuestra oración y reflexión, el mes de marzo está repleto de titulares que reclaman nuestra atención. El misterio de la encarnación se anuncia y vemos la forma en que Dios nos trata, haciendo uso de todo lo que nos es familiar, para comunicar su vida y gracia divina. La disponibilidad de María pone en movimiento los eventos de nuestra salvación. Dios también envía a José a estar con María mientras ella vive su respuesta total, incondicional y completa, mientras dice su ‘sí’ pronunciado con fe. El “sí” de María es la palabra que lo cambia todo.

Pero este año 2018, no es simplemente otro año más. Este año, los Misioneros del Verbo Divino celebraremos el Capítulo General en junio, con el tema elegido: “El amor de Cristo nos urge” (2 Co 5, 14) – “Enraizados en la Palabra; Comprometidos con su misión”. Ese evento es un Kairós para la familia SVD. Este año tiene un significado mayor porque el próximo agosto tendrá lugar en Dublín el encuentro mundial de las Familias. Se espera que el Papa Francisco pueda asistir. ¿Quién puede ayudarnos a estar mejor preparados para participar en estos eventos?

Sugerimos reflexionar profundamente sobre José de Nazaret, el esposo de María. José recibió su misión, estaba arraigado en el silencio, estaba totalmente comprometido con su misión, estaba enraizado en la Palabra y era un hombre de familia. Él puede tener mucho que decirnos este año. Arnoldo Jans- sen tenía una devoción filial hacia San José como se ve, por ejemplo, en sus cartas a los Padres Anzer y Freinademetz poco después de partir de Steyl a China. Unos años más tarde, en julio de 1886, en una de sus cartas al obispo Anzer, Janssen escribió esto: “… La casa Steyl es otra casa de Nazaret, donde San José asume las responsabilidades como protector y proveedor de los hijos de Steyl …”. Y recordemos que ‘Familia y Juventud’ está entre nuestras orientaciones congregacionales (CD), y la mayoría de nuestras PMR de todo el mundo tienen esta OC como prioridad para su vida y misión interculturales.

Cuando se trata de José, sabemos mucho y, al mismo tiempo, sabemos muy poco. Tenemos los relatos de la infancia que nos dejaron Mateo y Lucas. Tenemos el período más extenso de Jesús creciendo en Nazaret que Lucas menciona. Mucho se ha escrito sobre José, sin embargo, no tenemos suficiente conocimiento sobre el cuidado de su familia y cuánto de esa educación se revela en la vida que vivió con María. Leemos acerca de su sentido de responsabilidad. “Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto. José se levantó, tomó al niño y a su madre y se fue esa noche a Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes”. No hubo ningún argumento por parte de José, sólo conformidad. Sin dar detalles. Ese período en el exilio revela y oculta mucho sobre el mundo del exilio y lo que implica y exige la realidad de los migrantes.

Nos encontramos con José como padre y como esposo. José vivió ambos roles. Podemos preguntarnos si José en sus años de exilio recibió el aliento de su antecesor homónimo, José, vendido en cautiverio en Egipto. José era un hombre apuesto y bien formado, como leemos en Génesis, pero también vivió con la realidad de las tentaciones femeninas que surgen por el camino. Ser fiel es un desafío de por vida para la persona de José en cada situación y para la humanidad puede ser aún más desafiante hoy en día.

Pero todo eso fue hace mucho tiempo; vivimos en nuestros días con el entorno social de hoy. Vivimos una fe histórica; dejamos nuestras huellas en un camino histórico. Cuando se trata de detalles, las Escrituras sólo nos pueden dar eso. Y la intención de las Escrituras es brindarnos las circunstancias que deseamos conocer. Pero tenemos nuestra propia experiencia humana, y esa es nuestra principal posesión y tal vez el recurso más importante en nuestra búsqueda de vida. Podemos preguntarnos dónde nos hemos encontrado personalmente en nuestro viaje, a través de José, el esposo de María, el esposo fiel que ha dicho tanto al decir tan poco. Dios continúa revelando la historia de la salvación a las personas que encontramos en el camino. Dios es muy personal, directo y sincero al tratar con nosotros. ¿Cómo podemos ser auténticos a menos que seamos también personales? Puede que no siempre discernamos el encuentro con claridad, pero el encuentro es nuestro alimento. Lo mismo ocurre con nuestra búsqueda de José, el esposo de María. Volvemos a las fuentes, lo que se nos dice acerca de José en su vida pública y lo que podemos tratar de entender incluso sobre lo que no se nos dice.

Un cohermano compartió esta historia con nosotros el otro día: “En 1954 estuve presente en la boda de José con María, mi hermana. Era un granjero de ovejas de toda la vida, criaba cientos de ovejas; él las conocía a todas individualmente. Cada vez que lo veían venir, lo seguían, siempre con alguna expectativa de alimento. José y María juntos hicieron su parte en su unión matrimonial. Después de 63 años de unión, José murió hace algunos meses; él había llegado a 97 años. Pero nunca tuvieron un hijo a pesar de sus deseos y esfuerzos. El olor de la oveja era tangible en esa familia, pero esa familia de José y María nunca tuvieron un hijo”. En un sentido real, cada familia es una pareja de José y María tratando de vivir las condiciones en las que Jesús está dispuesto a nacer y en el que Jesús elige la forma en que nacerá.

Una pareja africana fue bendecida con seis hijas, todas niñas. En cuanto a proporcionar los medios para que todas las niñas recibieran educación escolar, el padre se mostró un poco despreocupado, por lo que las niñas crecieron siempre un poco resentidas con su padre. Pero a medida que pasaron los años y las jóvenes alcanzaron los años de matrimonio, comenzaron a notar una diferencia en la forma en que veían a su padre. Lo que se dieron cuenta fue que el padre siempre estaba con ellas, siempre cerca, siempre presente. Se dieron cuenta de que ninguna había recibido abusos con malas intenciones. Se dieron cuenta de que su padre era un padre protector para ellas a pesar de todas sus limitaciones. Él también era un José. Es muy fácil malinterpretarlo, pero el silencio de José está con nosotros en la interpretación.

Uno de nuestros cohermanos, un capellán de fin de semana en un hospital, narró recientemente esta experiencia: “Una madrugada en el hospital de la misión el año pasado, conocí a una mujer embarazada sola vagando por los pasillos. Me dije que era una bendición única conocer a una mujer embarazada a punto de dar a luz a su hijo el día de Navidad. Una experiencia de Navidad en su mejor momento, llena de realidad divina. Después de darle mi felicitación navideña, me dijo que tenía un problema. Cuando le pregunté cuál era el problema que enfrentaba, me dijo que su verdadero problema era cómo cancelar la factura del hospital por su parto. Ella no disponía de tanto dinero, y tal vez no había un José en su vida. Eso era Navidad para ella en ese momento … ¡Dios con nosotros!”

Un Hermano mayor, ahora retirado pero que todavía es misionero en una tierra lejana de su tierra natal, compartió con nosotros este recuerdo: “Cuando era todavía un misionero muy joven, mi madre murió inesperadamente, yo no lo supe, debido a la falta de medios de comunicación rápidos. Mucho tiempo después recibí un breve mensaje de un amigo llamado José. En él, simplemente decía que había sido un privilegio para él cavar la tumba de mi madre”. Se cree que José murió mientras Jesús estaba en Nazaret. ¿Sería descabellado imaginar y decir que Jesús cavó la tumba de su padre, José? Un hombre de familia comprometido con la Palabra llevando a cabo su misión.

Reflexionando sobre José como padre y esposo, parece haber una conexión cercana con el estar en- raizado en la Palabra y comprometido con su misión. La Palabra siempre nos puede sorprender.

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