¿Quién Establece las Condiciones de la Guerra?

Autor: Elizabeth Rani, SSpS
Tema: La Guerra
Idioma: Inglés, Español
Editorial: VivatDeus.org
Año: 2026
Guerra

Las guerras no comienzan en los campos de batalla, sino en decisiones tomadas lejos de quienes sufrirán sus consecuencias. Mientras los discursos hablan de seguridad y poder, millones de personas cargan con heridas que duran generaciones. Ante esta realidad, surge una pregunta inevitable: ¿quién decide la guerra y quién paga realmente su precio?

La brevedad de la vida y la ilusión del poder

 

«Enséñanos a contar nuestros días para que adquiramos un corazón sabio» (Sal 91 (92), 12).
Esta mañana, mientras recitaba estas palabras del Salmo con la comunidad, permanecieron en mí con una profundidad inusual. El Salmo nos recuerda que la vida es breve y frágil. Sin embargo, cuando observo el mundo de hoy, la humanidad vive a menudo como si la vida fuera interminable: compitiendo por el poder, defendiendo fronteras y librando guerras como si la vida humana fuera prescindible. Mientras rezaba estas palabras, me encontré reflexionando sobre la profunda inutilidad de la guerra.

Conflictos actuales y raíces históricas de la violencia

Mis pensamientos se dirigieron a los conflictos de nuestro tiempo, especialmente a las tensiones persistentes en Oriente Medio y a la larga hostilidad entre Irán y la alianza entre Estados Unidos e Israel. La escalada que se intensificó el 28 de febrero de 2026, con ataques conjuntos contra instalaciones militares iraníes seguidos de represalias en la región, no comenzó de repente ese día. Fue la última manifestación de décadas de desconfianza, rivalidad política, agravios no resueltos y ciclos de represalias.

Las guerras en esta región no se sostienen únicamente por cuestiones territoriales, sino también por identidades nacionales endurecidas, memorias históricas y la participación de aliados poderosos que apoyan a bandos opuestos. En muchos sentidos, las naciones terminan luchando no solo contra sus propios enemigos, sino también contra los enemigos de sus aliados.

¿Quién decide la guerra y quién sufre sus consecuencias?

Esto me conduce de nuevo a una pregunta inquietante: ¿quién establece las condiciones de la guerra? Quienes toman estas decisiones suelen permanecer lejos del campo de batalla. Los líderes políticos y estrategas debaten políticas en salas de conferencias mientras sus familias permanecen seguras.

Mientras tanto, el verdadero peso de la guerra recae sobre los civiles comunes: hombres, mujeres y niños que no tuvieron nada que ver con el conflicto. Sus preocupaciones nunca estuvieron relacionadas con estrategias geopolíticas; simplemente deseaban proteger a sus familias y vivir en paz.

Las heridas invisibles: memoria, trauma e historia colectivos

El sufrimiento de los civiles suele reducirse a estadísticas: los muertos, los heridos, los desplazados. Sin embargo, rara vez se habla de las heridas más profundas que deja la guerra. Las cicatrices psicológicas permanecen invisibles durante años. El miedo, el duelo y el trauma continúan moldeando silenciosamente la vida de las personas mucho después de que la guerra desaparece de los titulares.

Anchal Malhotra observa que muchos sobrevivientes cargaron recuerdos «demasiado pesados para ser soportados». En este sentido, la guerra no termina cuando cesan los combates; continúa en el ámbito de la memoria. Como afirma el obispo Thomas Menamparampil, «la memoria no es lo que ocurrió, sino lo que las personas sintieron». Lo que las personas llevan dentro —dolor, humillación, miedo o ira— se convierte en el lente a través del cual las comunidades interpretan el pasado.

Identidad, exclusión y construcción del enemigo

Con el tiempo, estos recuerdos comienzan a moldear la manera en que las comunidades se ven a sí mismas y a los demás. Las identidades nacionales, religiosas o culturales están destinadas a dar sentido de pertenencia. Sin embargo, cuando se vuelven rígidas y excluyentes, fácilmente se transforman en prejuicio.

Las personas comienzan a verse principalmente a través de estas identidades, y el «otro» se convierte lentamente en un enemigo. En ese clima, la humanidad pasa a un segundo plano frente a la nacionalidad o la ideología.
El poeta Derek Walcott recuerda que, más allá de todas las identidades que construimos, existe una sola raza: la raza humana. Sin embargo, la guerra persuade a las personas a definirse principalmente por fronteras, religiones o ideologías. Incluso la muerte disuelve estas divisiones: en la tierra, todos regresamos al mismo polvo.

Guerras indirectas y rivalidades globales

Si observamos más de cerca los conflictos modernos, resulta evidente que las guerras rara vez son libradas solo por dos naciones. Los Estados poderosos intervienen indirectamente mediante alianzas, suministro de armas y apoyo estratégico.

Dentro de estas narrativas geopolíticas se encuentran los soldados: jóvenes formados por el nacionalismo y educados para creer que morir por su país es un honor. Sin embargo, a menudo ejecutan decisiones tomadas lejos de ellos, mientras las rivalidades profundas continúan. La ironía de nuestro tiempo es que la humanidad afirma desear la paz, pero construye repetidamente las condiciones para la guerra.

La guerra como reflejo del corazón humano

Todo esto conduce a una comprensión más profunda: la guerra no es solo un acontecimiento político, sino también un reflejo de lo que existe en el corazón humano. El miedo, el orgullo, el odio o la compasión terminan manifestándose en acciones individuales y colectivas.
Una nación que lleva heridas no resueltas puede, sin saberlo, alimentar las condiciones para futuros conflictos. Muchas guerras se sostienen por identidades nacionales intensificadas que eclipsan nuestra humanidad compartida.

La necesidad de líderes que construyan la paz

Lo que la humanidad necesita hoy son constructores de paz: líderes capaces de sentir el dolor de los demás como propio, con ojos suavizados por la compasión y corazones comprometidos con sanar heridas y restaurar la reconciliación donde el odio ha echado raíces.
Estos líderes serían verdaderos «sanadores heridos»: personas que comprenden el sufrimiento lo suficientemente profundamente como para impedir su repetición. Mientras el líder de la guerra moviliza la ira y la rivalidad, el líder de la paz cultiva la empatía y el coraje moral.

La sabiduría del corazón

Volviendo nuevamente a la oración del Salmo, aparece su significado más profundo. Conocer la brevedad de la vida no es solo una realización personal, sino también un despertar moral.
Cuando comprendemos verdaderamente cuán breve y preciosa es la vida humana, la destrucción de la vida se vuelve mucho más difícil de justificar. La sabiduría del corazón consiste precisamente en reconocer la vulnerabilidad compartida de todos los seres humanos.

Si la humanidad pudiera alcanzar realmente esta sabiduría, quizá comenzaría a cuestionar más profundamente las guerras que sigue librando. Porque, al final, toda vida humana es pasajera. Y la mayor tragedia de la guerra no es solo que destruye la vida, sino que revela cuán fácilmente la humanidad olvida su propia humanidad.

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Sr. Elizabeth Rani SSpS
Sr. Elizabeth Rani, SSpS

La Hna. Elizabeth Rani SSpS es de la India y tiene una licenciatura en Literatura Inglesa.

2 respuestas

  1. Dear Eli,
    I just want to take a moment to appreciate your article on “Who Sets the Terms for War.” It’s truly a thoughtful and compelling piece

    Thank you for sharing your thoughts and your perspective. Keep writing—you have a gift for turning important questions into impactful reflections.

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