Si preguntamos a un miembro de la Sociedad del Verbo Divino de dónde proviene el nombre de la congregación, lo más probable es que escuchemos como respuesta que el fundador, San Arnoldo, nos dio este nombre porque era un gran devoto de la Palabra de Dios. Esta devoción comenzó ya en su infancia, pues su padre, Gerhard, tenía la costumbre de recitar el Prólogo del Evangelio de San Juan. Pero ¿es realmente verdadera esta versión? Por otra parte, ¿sobre qué base deberíamos dudar de ella? ¿Ha oído alguna vez hablar de una versión alternativa de los hechos?
En cierta ocasión me sorprendieron mucho las palabras del cuarto Superior General de nuestra congregación, el P. J. Grendel. En una carta circular del 8 de septiembre de 1934 escribe:
«Es cierto que hasta ahora no ha quedado completamente aclarado, y quizá nunca sea posible aclararlo del todo, cómo y de dónde surgió este nombre en la conciencia espiritual de nuestro Padre y Fundador; es decir, qué caminos de pensamiento lo condujeron a elegir este nombre para su congregación» (Nuntius II, p. 73).
Esta afirmación resulta sorprendente. ¿Cómo es posible que el Superior General no supiera de dónde provenía el nombre de la congregación, si conoció personalmente al P. Arnoldo y, además, ya se habían publicado los libros del P. H. Fischer sobre la historia de la congregación, en los que se presenta el origen de nuestro nombre?
Las dudas del P. Grendel son, por supuesto, plenamente justificadas. La afirmación de que el nombre de nuestra congregación procede de la tradición familiar de los Janssen puede resultar muy engañosa. En primer lugar, el hecho de que el padre de Arnoldo Janssen recitara el Prólogo no es mencionado por el propio Arnoldo, sino por su hermano Wilhelm, quien como capuchino llevaba el nombre de Junípero. En ninguna fuente encontramos una afirmación del propio Arnoldo Janssen como esta: Llamé a la congregación por el Verbo Divino porque mi padre recitaba el Prólogo.¿Por qué entonces estas palabras han tenido tanta difusión? ¿Tal vez por falta de otra explicación?
Como curiosidad, puede señalarse que el propio San Arnoldo, ya siendo sacerdote, recitaba diariamente el Prólogo, algo que prácticamente nadie menciona. ¿De dónde procede esta información si no aparece en la literatura de las fuentes? La explicación es muy sencilla. Antes del Concilio Vaticano II, la Santa Misa en la Iglesia católica terminaba con un rito llamado el Último Evangelio. Después de la bendición, el sacerdote volvía al altar y leía… ¡El Prólogo del Evangelio de San Juan! No deja de sorprenderme que este hecho no haya pasado a la conciencia colectiva de los Misioneros del Verbo Divino. Desde el momento de su ordenación sacerdotal, el 15 de agosto de 1861, hasta el momento en que San Arnoldo decidió dar a la congregación el nombre en honor del Verbo Divino (25 de marzo de 1875), transcurrieron 4.870 días; y aproximadamente ese mismo número de veces nuestro fundador tuvo la posibilidad de leer el Prólogo.
Pero ¿cómo sabemos que fue precisamente en ese día cuando el P. Arnoldo concibió el nombre de la congregación? Parece que al P. Grendel no le dejaba en paz la cuestión del origen de nuestro nombre y deseaba responder a la pregunta formulada en 1934: «cómo y de dónde surgió este nombre en la conciencia espiritual de nuestro Padre y Fundador». En Nuntius SVD, vol. IV, fasc. 1–5, p. 107, cita las palabras del P. Hermann auf der Heide —secretario personal y confesor del P. Arnoldo—:
«Durante la acción de gracias después de la Santa Misa, le vino de repente e inesperadamente el pensamiento de dar a la nueva congregación el nombre de la Palabra de Dios. Precisamente el hecho de que este pensamiento no estuviera arraigado en sus reflexiones anteriores, sino que, por el contrario —como él mismo dijo— brilló en su mente de manera repentina e inesperada, indica que este pensamiento le fue dado por Dios mismo».
Esta cita supone un cambio completo de perspectiva en las investigaciones sobre los orígenes de nuestro nombre. Hasta ahora predominaba la convicción de que el origen del nombre había sido evolutivo. Es decir, que Arnoldo Janssen dio a la congregación este nombre como consecuencia de una experiencia espiritual personal relacionada con la Palabra de Dios. Por ello se prestaba especial atención a los testimonios que subrayan la presencia de esta idea en el pensamiento de Arnoldo. Sin embargo, resulta que el propio P. Arnoldo nunca dijo: Llamé a esta congregación así porque siempre fui devoto de la Palabra de Dios. Según el testimonio citado, aunque la Palabra de Dios le era cercana, la idea de dar este nombre a la congregación «no estaba arraigada en sus reflexiones anteriores». Por tanto, el origen del nombre de nuestra congregación procede de una inspiración. Y esto cambia mucho las cosas.
En primer lugar, los intentos de explicar el origen del nombre basándose en la presencia previa de la idea de la Palabra de Dios en la vida de Arnoldo Janssen pierden en gran medida su importancia. Esto es relevante porque comprender el origen del nombre de la congregación según un esquema evolutivo puede inducir al investigador a error, y esto ocurre con bastante frecuencia. Muchos candidatos a la congregación imaginaban que el nombre tenía un fundamento bíblico. Sólo más tarde se dieron cuenta de que el componente bíblico falta y que el nombre de la congregación no procede de un apostolado ni de un texto, sino de la Segunda Persona de la Trinidad.
En segundo lugar, este hecho debería llevar a la conclusión de que es necesario analizar cuidadosamente la relación de Arnoldo Janssen con la Palabra de Dios después del 25 de marzo de 1875, es decir, después del momento de la inspiración. Sin embargo, hasta ahora no se han realizado estudios en esta dirección. El tema suele presentarse de manera sintética y sin un enfoque cronológico, lo cual resulta aún más significativo si se tiene en cuenta que a partir de 1884 la figura del Espíritu Santo comienza a dominar el horizonte espiritual de Arnoldo Janssen, de modo que lo relacionado con la Palabra de Dios, aunque sigue siendo importante, pasa a segundo plano ante esta nueva dominante.
En tercer lugar, de lo dicho anteriormente se deriva también una consecuencia importante para las generaciones de Misioneros del Verbo Divino que intentan vivir este carisma en sus propias circunstancias históricas. El Fundador no dijo la última palabra sobre el carisma, el cual debe actualizarse y enriquecerse continuamente mediante la experiencia vivida en cada tiempo y contexto. Ya lo señalaba el P. J. Grendel en el citado artículo de 1934:
«Forma parte de los caminos de Dios y de la sabiduría divina realizar la síntesis, determinar y configurar todo el mundo de los detalles y del desarrollo futuro incluso en las cosas más pequeñas».
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Dariusz Pielak, SVD
Miembro del Equipo Editorial del sitio web VivatDeus.org. En el 1985 entró en la Congregación del Verbo Divino en su Polonia natal.Hizo la experiencia de OTP en Argentina. Trabajó en España, donde hizo allí licenciatura en teología bíblica. En los años 2003-2022 trabajó en Rusia, dando clases en el seminario y atendiendo la parroquia de Santa Olga en Moscú. En el momento presente reside en Polonia y se dedica a profundizar la historia espiritual de Arnoldo Janssen, y la animación espiritual.
3 respuestas
Interesante ! Enriquecedor!
Gracias !
Gracias por compartir el gran pasión del P Arnoldo.!
Thank you, Fr. Dariusz, for this beautiful article. Indeed, our name is our mission.