San José, una Inspiración

Autor: Saju George Aruvelil, SVD
Tema: San José Obrero
Idioma: Inglés, Español
Año: 2022

San José: una inspiración para los miembros de la Familia Arnoldina

El 1 de mayo de cada año, se conmemora el día internacional de los trabajadores en homenaje a los sindicalistas que fueron masacrados por los EEUU en el año 1886, por haber realizado un reclamo salarial. San José de Nazaret es el patrono de los trabajadores (católicos) como lo instituyó el Papa Pío XII en 1955.

San Arnoldo Janssen tenía una devoción grande a San José. Razón por la cual había escrito en el Pequeño Mensajero del Corazón de Jesús, en mayo de 1875, que los santos patrones de la casa de la misión ayudarían: María, San Miguel “y finalmente el querido y glorioso San José, el patrón común de la iglesia y patrón especial de China, el protector de María y el padre adoptivo de Jesús, a quien imploramos que él también sea nuestro protector”.

Así pues, San Arnoldo ya se había anticipado a los Sumos Pontífices que en tiempos recientes han presentado constantemente a San José como «modelo» de los obreros y de los trabajadores; cf., por ejemplo, León XIII, Carta Encícl. Quamquam pluries (1889): l.c., p. 180; Benedicto XV, Motu Proprio Bonum sane (1920): l.c., pp. 314-316; Pío XII Alocución (1945), 4: AAS 37; Alocución (1955): AAS 47, 406; Juan XXIII, Radiomensaje (1960): AAS 52, Juan Pablo II Familiaris consortio, 16: AAS 74 (1982), Redemptoris custos (1989),Benedicto XVI, Discurso (domingo 20 de marzo de 2011), Francisco, Laudato Si´ (2015) 242, “Patris Corde” (2021).

Junto con María, “en la familia Santa de Nazaret, se destaca la figura de San José. Él cuidó y defendió a María y a Jesús con su trabajo y su presencia generosa, y los liberó de la violencia de los injustos llevándolos a Egipto. En el Evangelio aparece como un hombre justo, trabajador, fuerte. Pero de su figura emerge también una gran ternura, que no es propia de los débiles sino de los verdaderamente fuertes, atentos a amar y servir humildemente. Por eso fue declarado custodio de la Iglesia universal. Él también puede enseñarnos a cuidar, puede motivarnos a trabajar con generosidad y ternura para proteger este mundo que Dios nos ha confiado” (LS 242).

San José tiene tantas virtudes para imitar en nuestra entrega misionera. San José ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús mediante el ejercicio de su paternidad; de este modo él coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la redención y es verdaderamente «ministro de la salvación» (San Juan Crisóstomo, In Matth. Hom. V, 3: PG 57, 57-58).

Con la encarnación las «promesas» y las «figuras» del Antiguo Testamento se hacen «realidad»: lugares, personas, hechos y ritos se entremezclan según precisas órdenes divinas […]. José es aquel que Dios ha elegido para ser «el coordinador del nacimiento del Señor» aquél que tiene el encargo de proveer a la inserción «ordenada» del Hijo de Dios en el mundo, en el respeto de las disposiciones divinas y de las leyes humanas. Toda la vida, tanto «privada» como «escondida» de Jesús ha sido confiada a su custodia (Orígenes, Hom. XIII in Lucam, 7: S. Ch. 87).

Su paternidad se ha expresado concretamente «al haber hecho de su vida un servicio, un sacrificio al misterio de la encarnación y a la misión redentora que está unida a él; al haber hecho uso de la autoridad legal que le correspondía sobre la Sagrada Familia, para hacerse don total de sí, de su vida y de su trabajo; al haber convertido su vocación humana al amor doméstico con la oblación sobrehumana de sí, de su corazón y de toda capacidad, en el amor puesto al servicio del Mesías que crece en su casa» (Cf. Pablo VI, Alocución (19 de marzo de 1966): Insegnamenti, IV [1966], p. 110) y Insegnamenti, VII (1969), p. 1269.

En el umbral del Nuevo Testamento, como ya al comienzo del Antiguo, hay una pareja. Pero, mientras la de Adán y Eva había sido fuente del mal que ha inundado al mundo, la de José y María constituye el vértice, por medio del cual la santidad se esparce por toda la tierra. El Salvador ha iniciado la obra de la salvación con esta unión virginal y santa, en la que se manifiesta su omnipotente voluntad de purificar y santificar la familia, santuario de amor y cuna de la vida. La Iglesia confía también en el ejemplo insigne de José; un ejemplo que supera los estados de vida particulares y se propone a toda la Comunidad cristiana, cualesquiera que sean las condiciones y las funciones de cada fiel.

Desde la dimensión de JUPIC (Cf. vivatinternational.org), precisamente de la integridad de la Creación, a través de la opción por la Ecología Integral, para mí San José fue como una vid.

Todas las especies propagan su género. Generalmente casi todas las plantas nacen a través de semillas. De las frutas que los animales y pájaros llevan y comen el mesocarpio, de estas caen al suelo las semillas. Hay un beneficio recíproco: mientras que para los animales las frutas sirven como alimento, las semillas que caen, dan lugar al nacimiento de nuevas plantas en diferentes lugares.

Pero, en cuanto a la vid, una nueva planta no crece de las semillas, sino de su gajo. (El bananero, el pimiento en grano, etc., tampoco crecen de las semillas). Entonces ¿por qué o para qué la vid produce los racimos llenos de uvas? Estas plantas dan sus frutos, sin recibir ningún beneficio a cambio.

Ahí la Naturaleza nos enseña algo muy grande: todo lo que tenemos no es para un negocio, dar algo para percibir otro favor a cambio. La norma general es trabajar para ganarse el pan de cada día. Así pues, en casi todos los trabajos se producen beneficios mutuos, tanto para: empleador y empleados, profesionales y clientes…

Este es el instinto elemental de la época de las cavernas. Si no crecemos y superamos esto, no nos distinguimos en nada de esa época, aunque tengamos la tecnología como para pisar la Luna, aterrizar laboratorios en Marte, llegar al fondo del mar, hacer neurocirugía robótica, etc.

En el ambiente familiar y la Vida Religiosa, las relaciones interpersonales están basadas en el amor y no tanto en beneficios recíprocos. El capitalismo muchas veces también diluye este lazo sagrado. En estos círculos y de los amigos, cada vez hay una búsqueda de interés o de beneficios.

José, el esposo de la Virgen María (Mateo 1, 16) servía a su amada y a Jesús, el hijo adoptivo, sin buscar beneficio alguno. Proveer lo mejor para ellos era su meta principal. Se deleitaba con esto. La actitud de José es la que debería motivarnos a servir, superando el interés de la recompensa.

Como la vid misteriosamente se alegra producir y dar las uvas para el bien de los demás, José también era como la vid. Que nuestra consagración, trabajo misionero, servicio y las demás actividades sean en primer lugar para brindar lo mejor a los demás como la vid. Entonces la “Iglesia en salida”, sinodal y misionera, después de la pandemia, será más testimonial.

Como San Arnoldo que tenía una fuerte devoción personal a San José y recurría a él en todas sus necesidades. Muchos también testifican que recibió de él una ayuda extraordinaria”, los integrantes de la generación fundacional y los demás miembros de la familia Arnoldina que confiaron e imitaron la vida sencilla y entrega de San José, también nos inspiren. Muy feliz día.

(Cf. https://janssenfreinademetz.wordpress.com/2021/01/29/veneracion-de-arnoldo-janssen-a-san-jose/)

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Saju George Aruvelil, SVD
Saju George Aruvelil, SVD

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