¡Dios en busca de lo humano!

Autor: Arlindo Pereira Dias, SVD
Tema: El adviento como preparación para la Navidad
Idioma: Inglés, Español
Prayer in the Square
Prayer in the Square
“Todos los caminos hacia Dios pasan por el ser humano”

San Arnoldo Janssen

La Navidad es garantía de la plena solidaridad de Dios con los seres humanos. Es la certeza de que el Creador no nos ha abandonado a nuestro propio destino, en medio a tanta fragilidad humana. El Adviento es, por lo tanto, el camino de la búsqueda infinita de la plenitud, hacia el Emmanuel, ¡Dios con nosotros! ¡Es hora de saciar nuestra sed de Dios, sed de vida y de justicia! Dios no está en lo alto observando desde lejos tantas acciones inhumanas que quitan la alegría y la esperanza de la mayoría los más pobres. Para el Dios de Jesús de Nazaret no hay miradas distantes y frías, sino un corazón misericordioso que camina codo a codo y se regocija con nuestras pequeñas victorias y sostiene a los pequeños y débiles ante la arrogancia de los poderosos.

Vivir en profundidad y en comunidad este tiempo de espera es parte de nuestro compromiso espiritual como familia cristiana. El “Vivat Deus Unus et Trinus in cordibus nostris!” propuesto por Arnoldo Janssen, nos impulsa a mantener viva la llama del amor que se convierte en vida, para que “la oscuridad del pecado y la noche de la infidelidad” desaparezcan de nuestro medio. El Adviento es un tiempo de espera gozosa por lo que aún no se ve, pero también por la germinación de lo que queremos ver.

Una espera como la de la madre, que amasa el pan con paciencia y amor, no solo para el sustento del cuerpo, sino para la alegría de los seres queridos que lo saborearán. Llena de alegría, ella mezcla la levadura con la masa, prepara el horno y controla el momento adecuado para que la levadura haga su efecto y el horno haga su trabajo. El resultado, sin duda, será un éxito si el período de espera va acompañado de un trabajo meticuloso y dedicado. Antes de amasar el pan, hubo un trabajo intenso de los que plantaron y cosecharon el trigo, que prepararon la harina y la levadura y tantos otros, hasta que el trigo llegara a la cocina de esta dedicada madre. Solo la contemplación nos hará darnos cuenta de la enorme cadena de fatigas y esperas hasta llegar al delicioso pan, que será disfrutado en unos pocos minutos. Vivamos la dulce espera del Bien Amado, como las manos firmes de la madre que amasa el pan, vislumbrando la alegría de los familiares que lo probarán. Sin unas buenas pizcas de sueños, amor y solidaridad, no es posible acoger a la llegada de Aquel que vino, viene y vendrá, “¡para que todos tengan vida y vida en plenitud!” Como dice Pedro, en su segunda carta 3,9: “El está usando de paciencia para con nosotros, porque no quiere que nadie se pierda”.

Este tiempo de la pandemia de COVID 19, en cierto modo, es una extensión del adviento. Ha sido una espera larga. ¡Cuánta angustia, cuánto dolor provocado por la pérdida de seres queridos, vivencias de profunda depresión, sentimiento de abandono, de mutilación! Gran parte de las noticias se centraron en experiencias oscuras, en compartir miedos y decepciones. La tan esperada vacuna todavía parece tardar mucho en llegar.

Sin embargo, no todo es oscuridad. Las pequeñas experiencias solidarias fueron fortaleciendo nuestras “rodillas cansadas y rotas” (Is 35, 3-4). Numerosos médicos y profesionales de la salud se pusieron en camino para que otros continuaran su viaje. Personas que habían superado la edad bíblica del “hecho notable” (Sal 89, 10), luego de un período de hospitalización, salían de los hospitales “contaminando” el ambiente de alegría y esperanza. ¡Toda esperanza amorosa fecunda su entorno de vida y esperanza!

¡Vivamos la terca solidaridad de Dios! La meta de la Navidad es nuestra plena humanización. Desde que Dios se hizo gente, no descansará hasta que nos demos cuenta de que toda la humanidad está recorriendo los caminos de lo divino. Humanizarse es la palabra que debe guiar toda la vida de los seguidores y seguidoras de Jesús. El Niño Dios nos llama a erradicar la pobreza, a promover la cultura de la vida y la paz y a defender la integridad de la creación. Es urgente cuidar de la familia y la juventud para que el futuro sea prometedor. “¡Ah, si hubieras guardado mis mandamientos! Tu paz sería como un río y tu justicia como las olas del mar” (Is 48,18). El Verbo Divino es la misericordia de Dios hecha carne. Esencialmente misericordia, Dios no permanece pasivo y distante ante los posibles naufragios de la naturaleza humana.

En los últimos dos años me ha tocado volver a vivir en una de las ciudades más grandes de la América Latina, São Paulo. Aquí la vida corre muy rápido. En estos tiempos previos a la Navidad, los centros comerciales se llenan de luces, árboles de Navidad, Papá Noel y nieves artificiales. Quieren transformar la discreta y pobre llegada del Niño Dios en el gran negocio del año, a pesar de los tiempos de pandemia.

¡Es todavía adviento! En los lugares más recónditos de la ciudad, Dios está llegando de otra manera. En las afueras del centro de la ciudad, en uno de estos condominios que parecen cajas de cerillas, viven innumerables personas amontonadas y sin las condiciones básicas de vida. En uno de los departamentos viven algunas familias de Colombia. Son inmigrantes que huyen de la violencia y buscan esperanza en el país vecino. Aún no han encontrado lo que buscaban, pero permanecen unidos y se apoyan mutuamente. Uno de ellos tenía el sueño de encontrar un buen trabajo aquí y mantener a su esposa y sus dos hijos que se quedaron en el país de origen. A mitad de camino lo sorprendió un severo cáncer que paralizó su cuerpo y le ha impedido de llevar adelante sus sueños. Sin nadie, fue recibido por sus compatriotas. Además de llevarlo semanalmente al hospital, lo cuidan como si fuera un familiar. ¡Ha llegado la Navidad!

De allí les invito a trasladarse a un barrio de las afueras de la ciudad. Un joven drogadicto, después de pasar por muchas casas de recuperación, vuelve a huir se de casa para “disfrutar” de las drogas durante unos días. La madre pasa la noche sin dormir. Para ella siempre es como si fuera la primera vez. Se aferra a su única fuerza, la oración. Luego de una noche en la calle, consumido por el alcohol y las drogas, agotado y sin fuerzas, el joven se detiene frente a una iglesia y allí duerme bajo el peso de una mala noche de sueño. Amanece. Otro joven pasa frente a la iglesia, también procedente de una “noche de fiesta” donde había consumido drogas toda la noche. Un sentimiento común entre los dos: ¡cansancio de este tipo de vida! Uno le pregunta al otro: “¿Qué haces aquí?” “Estoy esperando que abran la Iglesia, ¡porque quiero que me lleven a una casa de recuperación!”, dice. El otro responde: “Vayamos juntos, ya no puedo soportar este tipo de vida. Y caminan juntos en busca de un hogar de recuperación. A la mitad camino, uno de ellos ya no tiene energía y el otro lo lleva a la espalda. ¡Ambos están juntos ahora en la misma casa! ¡Para ellos ha llegado el adviento!

Sábado por la mañana en una de las bulliciosas plazas de la ciudad. Mucha gente vive allí en las calles. Un grupo de voluntarios realiza una acción denominada “baño general”. Un coche equipado con duchas se detiene en el medio de la plaza. El grupo de voluntarios se organiza rápidamente para el corte de pelo, la distribución de ropa y la atención a las necesidades primarias de esta población. Al final de las actividades, se forma un gran círculo en el medio de la plaza. Están presentes una sacerdotisa de religiones afrobrasileñas, un musulmán, una budista, espiritualistas y un sacerdote y laicos católicos. Llega al cielo una oración por un país más justo y fraterno, por superar el odio, los prejuicios y pedir sabiduría a los científicos para que pongan a disposición lo más rápido posible la vacuna contra la pandemia de COVID 19.

En los palacios de los Herodes de hoy, muchos traman cómo sembrar odio, dividir, armar al pueblo y apropiarse descaradamente de los bienes que deberían estar al servicio de todos. En las afueras y calles de la ciudad, entre los más pobres, ¡ya es Navidad! El Emanuel ha ido llegando discretamente y anunciando en voz baja: “¡donde reina el amor, allí está Dios!” * San Arnoldo Janssen tenía razón cuando afirmó que “¡Todos los caminos hacia Dios pasan por el ser humano!”.

Arlindo Pereira Dias, SVD

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https://www.yeyebook.com/es/tolstoi-cuento-donde-esta-amor-alli-esta
“Donde está el amor, allí está Dios”, es un mini cuento de Navidad escrito por León Tolstoi en 1885. La breve historia navideña de León Tolstoi: “Donde está el amor, allí está Dios” es una revisión de la historia “Le pére Martin” escrita por el pastor protestante francés Ruben Saillens (1855-1942) Y …

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