Todo empezó por el Corazón de Jesús

Autor: Dariusz Pielak, SVD
Tema: Camino de Santidad, Arnoldo Janssen
Idioma: Inglés, Español

Es clásica la afirmación de que san Arnoldo Janssen era muy devoto al Sagrado Corazón de Jesús. Habitualmente mencionamos este hecho, enumerando las diversas “devociones” de nuestro Fundador. Sin embargo, vale la pena plantear una pregunta fundamental: ¿qué rol desempeñó dicha devoción en la historia espiritual del padre Arnoldo?

Cuando leemos las biografías de los grandes santos, aparece muy a menudo un momento decisivo que da vuelco a sus vidas, desencadenando unos procesos que de personas simples y en muchos casos lejanas a la fe, se convierten en realizadores de grandes hazañas. San Pablo “se cayó del caballo” (bueno, la Biblia nada habla del caballo, pero los pintores nos convencieron de su existencia). San Francisco y san Ignacio fueron heridos en la guerra y curándose replantearon totalmente sus vidas. San Antonio Abad entró en una iglesia y oyó de repente las palabras: “Vende todo lo que tienes y repartelo entre los pobres”.

Cuando leemos la biografía de san Arnoldo, nos resulta complicado encontrar ese momento decisivo. Parece que desde pequeño era un muchacho devoto y responsable. Un vicario de su parroquia, un tal padre Heinrich Ruiter, animó a los padres de Arnoldo a que le dieran la educación necesaria para que pueda luego estudiar en el seminario. El p. Ruiter llegó a ser en la vida de Arnoldo un verdadero Simeón evangélico. Llegó a la parroquia el día del nacimiento de nuestro Fundador y se murió al año después de que san Arnoldo empezara su educación. Sólo le faltaba pronunciar su propio “Nunct dimittis” (“Ahora, Señor, deja a tu siervo irse en paz”). ¿Qué sería de Arnoldo sin aquel simple sacerdote? ¿Llegaría a ser sacerdote o se ocuparía de la pequeña empresa de transporte de su padre?

Arnoldo, después de terminar la educación, a los 24 años fue ordenado sacerdote. Sabemos que tenía unos problemas iniciales, que tuvo que repetir el primer año en el seminario menor, que estudió ciencias, pero no nos deja la impresión de contemplar su vida como una serena continuidad. Tal vez lo único que traen las biografías es una tentación que tuvo que vencer al terminar la facultad de pedagogía, pues tenía resultados tan brillantes que recibió una propuesta de continuar por el camino de la ciencia. Pero Arnoldo venció la tentación y siguió en el seminario.

Los siguientes 12 años dedicó principalmente al trabajo de docente en la escuela de Bocholt. Y allá se produce un vuelco en su vida al que tenemos que prestar atención. Muchos años después confesará: “En Bocholt me animaba el deseo de hacer algo más por el bien de la Iglesia y de las misiones”. Arnoldo no se contentaba con los deberes diarios de docente y con la pastoral los fines de semana. Quería hacer “algo más”. Estas simples palabras definen su espíritu inquieto y deseoso de ser útil para Dios de una manera más contundente.

Y él encontró finalmente encontró el campo propicio para poder realizar el deseo de su corazón. La Providencia puso en su camino el movimiento del Apostolado de la Oración. Era una iniciativa espiritual de los jesuitas franceses que consistía en agrupar a la gente en grupos de oración en la unión con los deseos del Corazón Divino. ¿Y cuáles son esos deseos? La antífona de la Misa del Corazón de Jesús dice: “Los proyectos del corazón del Señor subsisten de edad en edad, para librar las vidas de sus fieles de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre”. Podemos preguntarnos: ¿quién para san Arnoldo era el más cerca de la muerte y el más hambriento? ¿Quién más que todos necesita salvación? Por supuesto la gente que está lejos del Dios de Jesucristo, es decir, los pecadores y “los paganos”. (Tal vez no quede superfluo subrayar que esa espiritualidad sigue siendo muy actual, pero en las últimas décadas quedó completada por una opción más clara no sólo por los pobres y hambrientas en el sentido espiritual, sino ante todo en el sentido temporal, cómo lo subraya a menudo el mensaje bíblico).

San Arnoldo empezó a visitar parroquias, a agrupar a la gente en grupos de oración, a publicar materiales impresos con las oraciones necesarias y con las aclaraciones detalladas de las intenciones por las que la gente había de rezar. Y así su corazón se iba encendiendo con un fuego apostólico que lo llevó finalmente a fundar el primer seminario misionero alemán, la cuna de las tres congregaciones que fundó.

Reasumiendo: la devoción de san Arnoldo al Sagrado Corazón de Jesús no es “una devoción más” en su rica vida espiritual, sino que llegó a ser para él lo que para san Pablo era la entrada a Damasco, como la herida de guerra para san Francisco, o la voz de Dios “Vende todo lo que tienes” para los oídos de san Antonio Abad. Al mismo tiempo, no deja de sorprender hasta qué punto elementos de esa devoción definieron el pensamiento espiritual de nuestro Fundador. Pero ese tema se merece una reflexión aparte.

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Dariusz Pielak, SVD
Dariusz Pielak, SVD

Nació el 30.03.1965 en Polonia. En el 1985 entró en la Congregación del Verbo Divino. Durante el seminario hizo la experiencia de OTP en Argentina en una comunidad de vida inserta en medios populares del Gran Buenos Aires. Después de terminar el seminario trabajó en España e hizo allí licenciatura en teología bíblica. A partir del año 2003 trabaja en Rusia dando clases en el seminario y atendiendo la parroquia de santa Olga en Moscú. Se dedica también a profundizar en los temas relacionados con la historia espiritual de Arnoldo Janssen.

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