Consagrados para el Servicio de Fraternidad

Autor: Antonio Pernia, SVD
Tema: Hermanos SVD
Idioma: Inglés, Español
Editorial: Arnoldus Nota, Agosto/Septiembre
Año: 2009
Arnold Janssen with his brothers

Permítanme ofrecerles una breve reflexión sobre el tema «La Vocación del Hermano y el Diálogo Profético». Me gustaría hacerlo a través de una descripción de la vocación de Hermano que es también el título que he escogido para esta ponencia: «Consagrados para el Servicio de Fraternidad». Creo que las dos ideas principales en este título, «consagración» y «fraternidad», se relacionan bien con la noción de «diálogo profético». Porque la consagración religiosa implica la llamada al profetismo, y el testimonio de la fraternidad requiere un compromiso al diálogo.

  1. Consagración

La vida religiosa, como sabemos, tiene que ver con la dimensión carismática de la Iglesia. Sin embargo la Iglesia es visible en el mundo principalmente a través de su estructura jerárquica. Aunque la dimensión carismática es una parte integral de la Iglesia, no es el medio primario de la visibilidad de la Iglesia en el mundo.

Pero quizá la dimensión carismática de la Iglesia no signifique ser visible de la misma manera como lo es la estructura jerárquica. O se propone ser visible sólo en su profetismo o testimonio contracultural. Porque, si fuera visible como lo es la jerarquía, quizá ya no sería profético o contracultural; perdería su vertiente profética y su capacidad para el testimonio contracultural. Quizá la vida consagrada es precisamente como el Espíritu Santo. Sopla donde quiere; no se ve de donde viene o a donde va. Es visible sólo en sus efectos – hombres y mujeres a quienes se les dota de poder, condiciones de vida que son purificadas o limpiadas,  situaciones humanas que son ennoblecidas y dignificadas.

La Congregación entera, como congregación religiosa, pertenece a esta dimensión carismática de la Iglesia. Pero los sacerdotes de entre nosotros, en la medida en que realizan una función ministerial y ejercen un papel de pastores en la Iglesia como «ayudantes de los obispos» (LG 22), comparten también la estructura jerárquica de la Iglesia. De otra parte, los Hermanos de entre nosotros, al no estar cargados por «el peso de la jerarquía», pueden expresar más plenamente la dimensión carismática de la Iglesia y ejercer más radicalmente el papel profético.

  1. Fraternidad

La vida consagrada revela de un modo particular la naturaleza de la Iglesia como un misterio de comunión. Por esta razón, la exhortación apostólica postsinodal, Vita Consecrata, presenta la vida consagrada como, entre otras cosas, un «signum fraternitatis», un signo de comunión en la Iglesia (VC, capítulo II). Según la VC, la vida consagrada es «signum fraternitatis» particularmente debido a la vida común que entraña la consagración religiosa (VC 41).

Como parte de la vida consagrada en la Iglesia, toda la SVD – tanto los sacerdotes como los Hermanos – comparte esta vocación de ser un signo de comunión en la Iglesia. Pero creo que los Hermanos, cuya vocación puede ser descrita como una llamada a ser Hermano de todos, están eminentemente en posición de dar este testimonio en la Iglesia. En un sentido verdadero y profundo, los Hermanos son un «signum fraternitatis» en la Iglesia.

Creo que podemos adoptar la terminología de la VC y describir la vocación del Hermano como una llamada a ser un «signum fraternitatis» en el mundo, en la Iglesia y en nuestra Congregación. «Signum fraternitatis» – un signo de comunión, un sacramento de fraternidad, un testimonio de solidaridad, una invitación al diálogo. Muy a menudo este signo o testimonio puede ser hecho solamente por los profetas. Y por su naturaleza, los profetas son una pequeña minoría. Porque la mayoría fácilmente sucumbe a la cultura circundante o a la mentalidad predominante. Es la minoría la que por lo general alerta sobre la necesidad de ser testigos contraculturales y así conservar el espíritu profético.

Creo que el corazón de la vocación del Hermano debe ser un «signum fraternitatis». Lo que hace – su profesión concreta – importa poco. Lo que es importante es que, independientemente de lo que hace, es siempre un «signum fraternitatis». Esta vocación es especialmente relevante hoy – en un mundo que a menudo está rasgado por conflictos políticos, étnicos y religiosos; en una Iglesia siempre tentada por el poder mundano y el autoritarismo; y en nuestra Congregación que a veces está ciega por el clericalismo y el exclusivismo.

  1. Conclusión

Ciertamente espero que esta asamblea traiga un compromiso más fuerte de parte de cada uno en la Congregación en la promoción de la vocación del Hermano. Todos deberíamos hacer lo posible por ayudar en la promoción de vocaciones de Hermanos para la Congregación. No deberíamos escatimar esfuerzos en la tentativa de atraer a la gente joven para unirse a la SVD como Hermanos. Y deberíamos hacer todo lo que podamos por cuidar a los que entran en la Congregación.

Sin embargo, una vez dicho esto, creo que también es importante ser realistas y no elevar nuestras expectativas

demasiado alto. Pienso que es poco realista esperar que en el futuro nuestra Congregación otra vez rebose de vocaciones de Hermanos. Quizá los Hermanos siempre serán una minoría en la Congregación. Pero por eso no son menos importantes en la Congregación. Ni tampoco por eso su contribución a la misión es menos significativa. Quizá, los Hermanos en la Congregación siempre permanecerán siendo un «pequeño rebaño». Pero Dios puede hacer grandes maravillas con un pequeño rebaño. Creo que esto es lo que vemos en la historia del pueblo elegido de Dios en la Biblia y en la Iglesia. La preferencia de Dios es para los pequeños, y Dios constantemente hace maravillas con los pequeños precisamente porque son pequeños.

Del pueblo de Israel (el más pequeño de todas las naciones) a la Iglesia primitiva (formada por pescadores pobres e incultos). De Moisés contra el Faraón y David contra Goliat, al niño Jesús contra el Rey Herodes y Pedro y Pablo contra el Imperio romano. De Catalina de Siena contra el Emperador romano y Francisco de Asís contra el Papa, a Madre Teresa de Calcuta contra la pobreza extendida y Arnoldo Janssen contra Bismark. Los pequeños son los mejores instrumentos de Dios para realizar sus maravillas en el mundo.

El capítulo 7 del Libro de los Jueces relata cómo Gedeón se preparó para la batalla contra Madián. «Tu gente es demasiado numerosa para que yo les entregue Madián», dijo Dios a Gedeón. Y Dios le explicó: «Israel podría gloriarse ante mí diciendo: Mi propia fuerza me ha librado» (7,2). Así, Gedeón redujo las tropas de 32.000 a 10.000 y de 10.000 a sólo 300. Armados sólo con cuernos y vasijas de arcilla con antorchas dentro, estos 300 hombres derrotaron a un ejército «tan numeroso como las langostas» (7:12). Hicieron sonar sus cuernos y rompieron sus vasijas, sosteniendo sus antorchas en la mano izquierda y sus cuernos en la derecha. El campamento cayó y conquistaron Madián.

No tenemos que ser muchos para ser instrumentos poderosos de Dios. No tenemos que ser abundantes para ser significativos. Sólo tenemos que ser vasijas de arcilla listas para ser rotas y que la luz de dentro de nosotros pueda brillar para el mundo de nuestro alrededor. Que esta asamblea mantenga nuestra luz ardiendo y nos predisponga a ser rotos para Dios y para el pueblo de Dios.

(Extractos de la conferencia del Padre General a la Segunda Asamblea General sobre la Vocación del Hermano SVD, del 29 de junio al 12 de julio de 2009, Cebú, Filipinas)

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