Hombre de Oración y Apóstol Itinerante del Apostolado de la Oración

Autor: Stefan Ueblackner SVD/Jacqueline Mulberge SSpS
Tema: Apostolado de la Oración
Idioma: Inglés, Español
Editorial: SVD Roma
Año: 2003
Painting of Arnold Janssen praying kneeling (collor)

La oración tuvo en la vida de Arnoldo Janssen una importancia fundamental, tanto al principio por el ejemplo de sus padres como más tarde en el seminario menor y durante sus estudios. También como maestro y sacerdote fue persona de perseverante oración. La oración le permitía ver más allá de sus deficiencias humanas y le daba fuerzas y orientación cuando se trataba de encajar reveses, aceptar incomprensiones, abandonar seguridades y entregarse a algo nuevo. Aquel “no yo, sino el Señor fue…” era el punto crucial de su vida y acción, y no sólo en relación con los éxitos, sino incluso también en la aceptación de los que, según el criterio humano, eran fracasos. El “Apostolado de la Oración” fue fundado en el sur de Francia en 1844 por un grupo de jesuitas, profesores y estudiantes. Su objetivo era inducir al pueblo sencillo a la oración como escuela y entrenamiento de fe vivida. Los miembros recibían el boletín “Mensajero del divino Corazón de Jesús”. La primera edición del boletín apareció en 1861, poco antes de la ordenación sacerdotal de Arnoldo Janssen. Él se asocia formalmente a este movimiento en abril de 1866. “Arnoldo Janssen es admitido entre los promotores de la veneración del Sagrado Corazón de Jesús y del Apostolado de la Oración” reza el diploma que se entregó.

Esto, sin embargo, no le bastaba. Él mismo narra: “al celebrarse en 1867 la asamblea general de las asociaciones católicas de Alemania en Innsbruck (Austria) realicé un viaje más largo de vacaciones para ir allí. En esta ocasión conocí al P. Malfatti SJ, Director del Apostolado de la Oración para Alemania y Austria. Éste me pidió asumir la dirección de la Asociación en la diócesis de Münster, y acepté. Ese mismo otoño fui a la tumba del beato Cura de Ars y visité también la exposición industrial en París. A partir de ahí me dediqué con especial atención al Apostolado de la Oración… Desde entonces siempre dediqué fielmente mis vacaciones a la propagación del Apostolado en la diócesis de Münster. También de las autoridades diocesanas obtuve la confirmación en mi cargo de Director Diocesano. Me empeñé especialmente en la difusión de la oración de intercesión y, además, para que también las oraciones ordinarias, como, por ejemplo el rosario, se ofreciese por las intenciones de Jesús. …El Apostolado de la Oración se extendió casi en toda la diócesi de Münster. Son pocos los párrocos que no he visitado

con esta finalidad”. La promoción de la oración, que Arnoldo Janssen vivió con perseverancia, lo convirtió en un “apóstol itinerante”.

Desde entonces y no bien llegan las vacaciones, viaja continuamente, muchas veces también a pie. Hasta 1873 visita 300 de las 350 parroquias de la diócesis de Münster. En otoño de 1872 escribe a su imprenta en Paderborn: “Durante estas vacaciones viajé cinco semanas para propagar el rezo del santo rosario según el método que figura en la hoja de oraciones u otro que tenga la aprobación correspondiente. Estuve en las diócesis de Colonia, Tréveris, Luxemburgo, Metz, Estrasburgo, en la Suiza alemana, Ausburgo, Munich, Salzburgo, Passau, Regensburg, Maguncia, etc.”. Este peregrinar de parroquia en parroquia puso la base de una nueva actividad de Arnoldo Janssen, la que irá madurando en el ámbito de su entrega al Apostolado de la Oración: su actividad literaria y periodística. Poco después de ser admitido en el Apostolado de la Oración, publicó en Düsseldorf un folleto titulado “Asociación del Apostolado de la Oración para el ejercicio de la oración de intercesión al amabilísimo Corazón de nuestro Salvador Jesucristo”. El folleto se publicó al mismo tiempo en el Sur de Alemania y en Austria. Envió también un ejemplar a su familia y escribe: “Hacía tiempo que os quería escribir, pero siempre fui postergándolo… Leed y rezad asiduamente según el querido librito. Y leed y rezad de nuevo hasta que comprendáis todo bien”. Un año más tarde sacó una nueva edición (15.000), esta vez con el título: “Folleto-admisión del Apostolado de la Oración y de la Fraternidad del amabilísimo Corazón de nuestro Salvador Jesucristo”. Hasta 1880 aparecieron otras cuatro ediciones con un total de 90.000 ejemplares. Además publicó una serie de pequeños escritos y oraciones entre los que cabe destacar una introducción al rezo de Rosario que tuvo buena acogida y difusión. La idea fundamental de Arnoldo Janssen fue siempre esta:

Por el rezo de las oraciones comunes, como el Rosario, la persona adquiere una actitud orante, de tal manera que, a través de las grandes y pequeñas vicisitudes de la vida y de la Iglesia, entra en diálogo con Dios y recibe de Él orientación para hallar el recto camino de encuentro con el prójimo. Es comprensible que Arnoldo Janssen, en estos escritos se expresa con el lenguaje y teología de su tiempo. Por ejemplo, la “devoción al Sagrado Corazón de Jesús”, entonces muy en boga, lo lleva cada vez con mayor fuerza, a la reflexión sobre la Santísima Trinidad. Su gran preocupación por aquel tiempo –muy acorde con su época- era la “vuelta de los pueblos separados en la fe” que él considera – adelantándose mucho a su tiempo – fruto de la acción y de la gracia de Dios que nosotros debemos impetrar con humildad. En septiembre de 1869 Arnoldo Janssen participa en la Asamblea General de Asociaciones Católicas (Katholikentag) en Düsseldorf. Como Director del Apostolado de la Oración de la diócesis de Münster, propone que el Apostolado de la Oración se recomiende a todos los católicos de Alemania, lo cual es aceptado por unanimidad, debido sin duda a su empeño personal y periodístico. La feliz noticia se comunicó en la revista del Apostolado de la Oración: “El Apostolado de la Oración, por recomendación de la Asamblea General, sale al gran público dejando las moradas internas de la ascesis a que se vio limitado en muchas regiones”. Esto vale naturalmente también para la vida del mismo Arnoldo Janssen.

A partir de este momento se nos revela un Arnoldo Janssen distinto. Quien en la escuela de Bocholt era reconocido como “un hombre de oración, si bien poco tratable y accesible”, que hablaba solamente en las aulas y de vez en cuando en iglesias medianas, se ha convertido en una persona de gran actividad y que sabe presentar sus inquietudes en público. Si antes no era capaz de comunicarse con los otros, ahora no tiene dificultades para golpear a la puerta de las parroquias y ganar adeptos para el Apostolado de la Oración; no se siente cohibido al presentar sus ideas y proyectos ante obispos y autoridades. Sus largos viajes, sus múltiples contactos y encuentros, han ampliado su visión y lo han proyectado a él mismo mucho más allá del limitado horizonte de Bocholt.

Se puede comprender que la situación personal de Arnoldo Janssen en estos años era bastante complicada: por una parte, su vida limitada y pautada, tal vez hasta frustrante, como maestro de matemáticas no demasiado dotado ni reconocido; por la otra, el desafío sentido, el impulso y la fuerte motivación de su vida al servicio del Apostolado de la Oración. Por un lado la seguridad de su puesto como maestro, que evidentemente no le satisface. Por el otro, la inseguridad de su existencia al servicio de un cometido que percibe, cada vez más, como “lo suyo”. La decisión provocó en 1873 un conflicto con el consejo de administración de la escuela en Bocholt. El motivo fue una estatua de la Virgen María que Arnoldo había adquirido en 1868 y que deseaba colocar en el salón de la escuela. La escuela ciertamente era católica, pero también habían alumnos protestantes y judíos. De este modo se produjo un tira y afloja entre la dirección de la escuela y Janssen en relación con la colocación de la estatua de María. En este contexto, pide en 1870 al obispo de Münster que lo libere del compromiso con la escuela para poder dedicarse enteramente a trabajos pastorales. El obispo rechaza. Sin embargo, accede en 1873. Mientras tanto se desencadenó con toda su fuerza el “Kulturkampf”. Bajo el nuevo imperio alemán, de dominio prusiano, a finales de 1871 se limitan drásticamente las actividades de la Iglesia católica en las escuelas. Definitivamente no hay lugar para la estatua de María. Arnoldo Janssen permaneció firme en su deseo hasta que presenta su renuncia en marzo de 1873.

De la Revista Misionera al Seminario Misionero

Arnoldo Janssen siguió en su cargo docente hasta el final del año escolar 1872-73. A los 36 años es un hombre libre de compromisos e inicia una nueva etapa en su vida. En octubre de 1873 se compromete como capellán de las Ursulinas de Kempis, que atienden una residencia de ancianos. Este compromiso, sin embargo, le deja suficiente libertad como para dedicarse con mayor empeño al Apostolado de la Oración. Así describe sus sentimientos en julio de 1873: “Estaría dispuesto a asumir aún mayores compromisos, incluso, a dedicar todas mis fuerzas y talentos a esta santa causa; hasta mi vida pondría a disposición, con tal de conseguir que el buen Dios, tres veces santo, derramase más copiosamente sobre la tierra el espíritu de gracia y de oración”. En este tiempo trata de hacer realidad la idea que nació en Bocholt: “publicar una revista mensual de carácter popular para promover la oración y la participación en las grandes aspiraciones del divino Salvador, ante todo en la propagación de la fe”. Con la entrega y meticulosidad que le eran propias, puso manos a la obra. Dos actividades de su vida le fueron de gran utilidad para tal fin: su experiencia periodística, y los muchos contactos y relaciones conseguidos a través de su trabajo en favor del Apostolado de la Oración, que le ayudan para la distribución de la revista. En enero de 1874 aparece el primer número de su revista “Pequeño Mensajero del Corazón de Jesús”. El nombre de la revista lo tomó del boletín del Apostolado de la Oración añadiéndole el calificativo de “Pequeño”.

Para financiar la publicación, Arnoldo Janssen echó mano a sus ahorros. Así describe la finalidad de la revista: “La finalidad principal de la revista, si bien no la única, es informar de manera comprensible y entusiasta sobre las misiones católicas tanto del interior como del exterior. Desde los primeros números, sin embargo, quedó claro que se trataba de una revista dedicada ante todo, a las “Misiones en el exterior” designadas entonces, como es natural, “Misión entre paganos”. El número de junio de 1874 trae por primera vez en la portada la frase que para Arnoldo Janssen se convertirá en programática: “Viva el Corazón Divino de Jesús en nuestros corazones”.

Del libro: Arnoldo Janssen – Un vida al servicio de la Iglesia Universal
Editores: Congregación del Verbo Divino – Generalato, Roma
Redacción: P. Stefan Üblackner SVD
Traducción al español: P. Jesús Andueza SVD

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