Madre Theresia Messner, Primera Superiora General SSpS

Autor: Jacqueline Mulberge, SSpS
Tema: Madre Theresia Messner
Idioma: Inglés, Español
Editorial: SSpS – 14° Capítulo General
Año: 2014
Mo. Theresia Messner

Esto es un viaje de descubrimiento y reflexión sobre esta gran mujer que puso a nuestra Congregación en camino.

La Madre Theresia escribió mucho, en este sentido no se parece a las dos cofundadoras. Escribió principalmente cartas, pero también sobre otros temas, como ser las instrucciones o normas y algunas informaciones “para las generaciones futuras”. En esta reflexión solo podemos echar una mirada a algunas de sus cartas para intentar ver qué nos dicen sobre ella como persona.

En tiempos de la Madre Theresa las mujeres tenían muy poca preparación académica. Era el tiempo en que las Hermanas no tenían Biblia propia, ni libros propios, ni recibieron ninguna preparación teológica. Además, toda la liturgia se celebraba en latín.

El director general, P. Hermann auf der Heide, representante del P. Arnoldo Janssen ante las Hermanas y por muchos años director después de la muerte del fundador, era de gran ayuda, especialmente en asuntos de negocios, cuestiones de Derecho Canónico, etc., en el tiempo en que las mujeres carecían de conocimientos acerca de negocios y de todos modos no se las tomaba en serio. Sin embargo el P. Hermann tomaba muy en serio y promovía el desarrollo de nuestras Hermanas y las de la Adoración Perpetua.

Muchos temas de las cartas de la Madre Theresia conservan su validez hasta nuestros días. La Madre Theresia era una mujer muy cuidadosa. Ella había vivido durante muchos años junto a las Madres María y Josefa y aprendió de sus ejemplos. Llegó a la Congregación como miembro en undécimo lugar y transcurrido el tiempo, seguía a la M. Josefa como superiora. Conocía a cada una de las Hermanas y casi todas ellas habían estado bajo su dirección. Arnoldo Janssen le había asignado el primer grupo de las Hermanas para prepararlas para los votos perpetuos, aunque ella misma pertenecía al grupo, como también la Madre Josefa.

Comentario:
La Madre Theresia Messner ingresó en la Congregación en 1891, a la edad de 22 años y medio. Estaba en el primer grupo que recibió el hábito en 1892 y también era de las primeras doce Hermanas que emitieron los votos en 1894. Ella acompañó la formación de la Congregación bajo la instrucción y la orientación de Arnoldo Janssen y Hermann Wegener, como también bajo el liderazgo, los cuidados y la dirección de la Madre María hasta el año 1898. Ocho meses después de los primeros votos (entonces tenía 26 años), fue nombrada maestra de novicias. En 1900 se convirtió en asistente de la Madre Josefa, pero seguía siendo la principal maestra de novicias y de las profesas jóvenes. Trabajaba en estrecha unión con la Madre Josefa y estaba virtualmente encargada de la Congregación durante los últimos meses de la enfermedad de la Madre Josefa.

La Madre Theresia disponía de una rica experiencia en cuanto al acompañamiento de las Hermanas jóvenes. Durante sus primeros meses y hasta años  en la vida religiosa sufría mucho porque añoraba su tierra natal en medio del ambiente nórdico, extraño a su mentalidad. Comprendía muy  bien las luchas de las Hermanas profesas jóvenes y veía la falta de habilidad y experiencia en las Hermanas jóvenes nombradas superioras, ya que, cuando ella fue elegida Superiora General en el Capítulo General del 1911, muchas de estas superioras eran todavía profesas en votos temporales.

En las cartas de la Madre Theresia descubrimos una sabiduría madura. Algunas características aparecen en sus cartas, especialmente en las que escribe a las jóvenes que llevaban el peso y la responsabilidad por una comunidad de Hermanas. Me gustaría mencionar algunas como ser: sencillez, comprensión y cariño, prudencia, previsión, pragmatismo, (sentido común, tener los pies en la tierra), firmeza.

Sencillez – primera carta como superiora, nombrada por Arnoldo Janssen, 20 de julio de 1903:
“Soy muy consciente, mis queridas Hermanas que no soy  digna de este honor, tampoco me encuentro suficientemente fuerte para esta carga…Pero creo poder encontrar la fuerza, el coraje, la confianza y la fidelidad a la voluntad expresada por los superiores… Pido a todas ustedes, queridas Hermanas, que me apoyen con sus buenos consejos y sus plegarias. Cuento tanto con su oración, por eso pido entrañablemente la limosna de su plegaria.”

A la Hna. Xaveria en Argentina, julio de 1904:
“Aceptaría con gran alegría su invitación de ir a la Argentina, si el P. Superior General  considera conveniente enviarme, pero ofrecerme por mi misma sería una falta contra la humildad. Si Ud. piensa que sería bueno hacerlo, exponga ese deseo al Rdo. P. Superior  General o al Rdo. P. auf der Heide.
Entre 1904 y 1911, antes de llegar a ser superiora general independiente, la M. Theresia escribió muchas cartas a diversas superioras individualmente así también a otras Hermanas. Pero antes queremos ver las cartas generales a las superioras locales.

Comprensión, cariño
Durante su primera visita en ultramar, la M. Theresia estaba preocupada por las Hermanas que habían sido encargadas de mirar por las otras. Visitaba  a las hermanas y las casas en Estados Unidos. Aparte de revisar cosas como los trabajos y las relaciones con la SVD, observaba las relaciones entre las Hermanas. El 11 de julio de 1912 escribió sus “Indicaciones para las Hermanas que desempeñan un cargo”, basadas  en su experiencia, completadas mediante cartas que había recibido a lo largo de los años, de otras Hermanas en otros territorios de misión.

Madre Theresia escribió:
“No obstante la fidelidad a la regla, las nuevas superioras jóvenes deben esforzarse en guiar a las Hermanas con gran suavidad e indulgencia y ante todo, no deberán  proceder con rigor de policía. Esto repugna y desanima a las Hermanas, quitándoles la confianza.”  “La superiora de la comunidad debe tener los ojos abiertos, con genuina preocupación por las necesidades de sus Hermanas.

Es mejor ser excesivamente buena que ser demasiado áspera, cuando hay duda sobre cuál sería el mejor modo de proceder.
“Estas reflexiones no son un producto de mis propias ideas, sino de la experiencia”
“Feliz la superiora que tiende a aprender de la experiencia, se librará de cometer muchos errores.”

En 1913 La Madre Theresia escribió otra vez a la Hermanas encargadas de comunidades, esta vez “Sobre la formación y la dirección de las neo-profesas”. Después de hacer una descripción de las dificultades que una Hermana joven puede experimentar después de la salida del noviciado, expone tres cuestiones:

  1. ¿Cómo debe proceder la superiora de una comunidad para ayudar a una Hermana a adaptarse pronto y bien, sintiéndose en casa?
  2. ¿Cuáles son las obligaciones de la superiora respecto al acompañamiento espiritual de cada Hermana?
  3. ¿Cómo entenderse con una Hermana cuyo comportamiento referente al trabajo o la enseñanza, dejan que desear al principio?

Se extendió largamente sobre estas tres cuestiones, insistiendo en la necesidad de hacer que la Hermana joven se sintiera acogida y en casa, la necesidad de darle una tarea ajustada a sus capacidades, y la tarea de la superiora de ser guía y directora de las jóvenes.
Añadió después: “la superiora tiene el deber de cuidar por el bienestar espiritual, como también por el bienestar físico de las Hermanas jóvenes con un sentido maternal.

Práctica
La Madre Theresia era también eminentemente práctica. En la misma carta observó:
“Tal vez una u otra superiora me pueda decir: ‘Solamente podemos aceptar a Hermanas buenas, sacrificadas que saben enseñar y trabajar bien.’ “Espere un momento” – escribe M. Theresia- ¿todas nosotras fuimos eficientes desde el comienzo? Acaso ¿no hemos llegado a ello poco a poco, hasta llegar hasta este punto?”
Explica la imposibilidad de enseñar a este gran número de novicias en todos los aspectos del trabajo. Luego declara: “Aquellas superioras que saben mejor introducir a las Hermanas en el trabajo y hacerlas eficientes, son las que sirven de la mejor manera a la Congregación”. (Este punto entró en las Constituciones. Todavía se puede encontrar el pensamiento  en C 303)

En 1914 aparentemente se hicieron necesarios algunas más de estas observaciones para las superioras. Para subrayar esta necesidad, la Madre Theresia pidió que esta carta fuese leída durante los llamados “Días de Quatember”, o en otras palabras, cuatro veces al año. Abrió sus amonestaciones con las palabras: “El oficio de la superiora es santo, pero muy espinoso.”

Explicó que, “Mucho amor y mucho buen sentido se necesitan para el oficio de superiora. Amor que viene de Dios y conduce a Dios; buen sentido no en el modo que lo entiende la gente de este mundo, llamado “saber ser astutos”, sino una prudencia dada por el Espíritu de Dios que se debe implorar continuamente en la oración.”

Prudencia
En este sentido veía la necesidad de más preparación. En 1917 discutía la virtud de la prudencia.
“Para poder trabajar eficientemente en su posición, la superiora necesita de una piedad madura y la prudencia necesaria. Existe bastante material sobre el tema de piedad, además se ofrece la necesaria instrucción en conferencias y lecturas, pero se nos informa menos acerca de la prudencia. Sin embargo esta es precisamente la virtud que es imprescindible para las superioras. Por eso sea bienvenida la enseñanza que sigue. Si la seguimos fielmente aliviará la carga del oficio de las superioras y les asegurará la bendición del Señor.

No es la prudencia mundana que necesita una superiora, sino la sabiduría del Espíritu Santo. Para ser prudente no necesitará tener ni talentos especiales, ni profunda ciencia académica. Más bien debe poseer y usar su buen sentido común.

Dio también algunas indicaciones por un comportamiento prudente:
“Guárdense de hacer innovaciones en una casa a la que acaban de llegar.”
“Cada superiora debería preocuparse de apoyar a cada una de sus Hermanas, tanto ante las demás Hermanas como también ante laicos.”
“Guárdense de prejuicios.
“Con frecuencia adviertan a las Hermanas a tener cuidado en la conversación con gente de fuera, especialmente durante viajes y en el recibidor.”

Previsión
En la misma carta ella escribió: “Una superiora intentará arreglar los asuntos con las autoridades eclesiales y civiles con la mayor diligencia y discreción. Los asuntos de mayor importancia deben solicitar a los superiores mayores la entrevista con suficiente tiempo de antelación.”

Y a modo de eco a un pensamiento anterior: Las superioras que saben cómo enseñar bien a sus Hermanas para hacerlas hábiles, capaces y diligentes, actúan en este sentido con más virtud y prudencia y es mejor para las Hermanas y la Congregación, que aquellas que piensan que deben hacerlo todo ellas mismas.

Situaciones difíciles
La Madre Theresia no estaba ajena a situaciones difíciles. Antes que emitiera sus primeros votos en 1894, 18 Hermanas ya habían dejado la Congregación, en las diversas etapas de formación después de su ingreso, y antes de hacer los votos perpetuos en 1903 otras 14 jóvenes habían abandonado la comunidad, es decir, en 12 años 32 jóvenes habían egresado. Había algunas vivencias hasta dramáticas que en el recinto estrecho del convento de Notre Dame deben de haber llegado al conocimiento de todas. Además, la Madre Theresia había sido maestra de novicias, miembro del consejo local y durante tres años asistente local de la Madre Josefa.

Era paciente con Hermanas difíciles, viéndolas más bien como Hermanas con dificultades. En su carta general, en 1913 escribió que la superiora “no debe cansarse si a veces, como a menudo parece, tiene que encontrarse con una Hermana muy difícil. No debería pensar inmediatamente despedir lo antes posible a una tal Hermana, porque crea dificultades en ella misma y a la comunidad. Más bien debería ganar la confianza de la Hermana… y finalmente llevar la carga con paciencia si debe tratar con una Hermana de carácter difícil, y animar a las demás a hacer lo mismo.”

La Madre Theresia insistió en otro punto relevante: “Las comunidades (casas) diversas no deberían pensar que tales Hermanas deberían estar solamente en la Casa Madre o en la casa provincial.  Cualquier superiora sabe que ellas de por sí tienen que llevar la parte menos placentera y la más difícil.”

Mucho tiempo antes de escribir esta carta general se había esforzado por animar a las superioras individualmente. En marzo de 1904 escribió a la Hna. Andrea en Argentina:
“Querida Hermana Andrea, Ud puede quedarse tranquila respecto a lo que me escribió de la Hna. Ignatia. Naturalezas como la de ella piensan obrar bien, según su propia convicción y justamente por ello puedan estar justificadas ante Dios.”

Evidentemente, reflexionando sobre sus experiencias en Steyl, escribió en mayo de aquel mismo año a la Hermana Andrea referente a las admisiones:
“La dirección (de postulantes y novicias) gradualmente ha cambiado en cierta manera; nos hemos enriquecido con experiencias, buenas y menos buenas. Por una parte, la dirección es más suave, por otra, más estricta que antes. Más suave en esforzarnos teniendo en cuenta las debilidades físicas y espirituales con las que cargamos todas, mientras por otra parte tratamos de observar más las flaquezas de los diversos caracteres.”

También era capaz de amonestar a una superiora sobre la cual le habían llegado quejas. En noviembre de 1906 escribió a la Hna. Martha en Papúa Nueva Guinea:
Querida Hermana Martha, cuídese de la irritación y de mostrar un comportamiento duro y falto de caridad, de ser hiriente en palabras, de un tono de voz agitado. Ud. sabe, Hermana Martha, que palabras agitadas y reproches son como flechas envenenadas que penetran el corazón y causan heridas, amargándolo, de modo que la buena relación entre superioras y súbditas queda dañada y sufren ambas partes.”

En 1905 la M. Theresia estaba hospitalizada durante muchas semanas a causa de la dolencia de su pie. No obstante se sentía preocupada por algunas Hermanas. La Hermana Crescencia Wurm, una Hermana joven, enviada al Brasil, no acababa de encontrarse en su sitio. La Hna. Walburgis, superiora y fundadora de la misión en el Brasil había mencionado la situación en una de sus cartas. En junio, la Madre Theresia le contestó estando en el desde su cama del hospital:

“Siento que las cosas con la Hna. Crescentia no van bien. Por favor, escríbame todo acerca de este asunto. ¿Tal vez la Hna. Crescentia se encontraría mejor bajo otra superiora? Si le parece que fuera el caso, envíela a otra comunidad. Por otra parte, una no debería rechazar una cruz para cargarla sobre los hombros de otra.

Al cabo de unos meses, en noviembre del mismo año, todavía desde el hospital, M. Theresia escribió una carta larga a la Hermana Crescentia. Aquí va solo un párrafo: “por lo que percibo en su carta siento,  que Ud. siente nostalgia. Siento mucha pena por Ud., pero espero que pase pronto esa nostalgia. Creo que es una prueba en la que Ud. misma puede crecer. Manténgase muy cerca del Señor, él conoce todos tus sufrimientos.”

En esta misma carta a la Hermana, la Madre Theresia siguió escribiendo a modo de conversación sobre ella misma y sus experiencias en el hospital.

Al mismo tiempo escribió a la Hermana Walburgis:
“La Hermana Crescentia me escribió sobre su nostalgia y que le resultaba tan difícil tener que escoger entre Juiz de Fora y Ponta Grossa. Yo preferiría que no se les diera a las Hermanas para escoger tan fácilmente; porque querrán tenerla siempre, o siempre estarán inquietas. Por lo demás la Hermana Crescentia parece estar contenta, no se queja de nadie; únicamente escribió que le parecía que la Hna. Superiora no le hacía mucho caso y que esto le dolía y que se sentía dejada sola. Ud. me escribió a mí lo mismo, querida Hermana Walburgis, Ud. dijo que quería limitarse a rezar por la Hermana Crescentia. No la estoy regañando por ello porque sin duda Ud. creía hacer lo más conveniente, pero sería mejor si cuidara a la Hermana Crescentia de un modo verdaderamente maternal. Sinceramente quiero pedirle que se muestre con la Hermana de modo más cariñosa. Ciertamente muchas veces es difícil ser siempre buena y amable hacia aquellas Hermanas que no nos caen bien…”
“Querida Hermana Walburgis,  Ud. lo intentará una vez más con la Hermana Crescentia, ¿verdad? Le hará bien, yo espero lo mejor de ella.”
“Por favor, lea mi carta a la Hermana Crescentia y luego ciérrela.”

Comprensión para Superioras
En noviembre de 1903 escribe a la Hna. Leonarda en Estados Unidos:
“Cuídense todas y no se dejen sobrecargar de trabajo. Tan buenos como son muchas veces, sin embargo los sacerdotes a menudo no comprenden el trabajo de las mujeres, ni tampoco el límite de sus fuerzas.”

A la Hna. Blandina, China, 18 de diciembre de 1905:
Ante todo le envío mis más cordiales felicitaciones por el nuevo cargo que la santa obediencia ha colocado sobre sus hombros. Sin duda esto no le traerá muchas rosas, pero si Ud. intenta siempre ser todo para todas y tiende cada vez más en adquirir el arte de guiar a las demás, será capaz de hacer muchas cosas por el Señor, en favor de las almas y por la Congregación. Para el liderazgo se necesitan ante todo prudencia, amor, amabilidad y vigilancia, olvido de una misma y amor al sacrificio. Puesto que no podemos hacer nada sin la gracia de lo alto, tenemos que implorar a menudo la luz y la gracia del Espíritu Santo, él nos ayudará.

Hermana Wilhelmine, Argentina, febrero de 1906:
¿Cuántas postulantes tendrán ustedes? Ud. escribe que asumió el cargo con temor y temblor. Lo creo, porque guiar a las almas es el arte de las artes. Ud.  tiene poca práctica todavía en ello, y también el país y sus gentes son nuevos para Ud. Siendo nueva, no se pueden evitar cometer errores o imprudencias. Así se va aprendiendo. Pero esto puede resultar caro, se adquiere solo con prudencia.

Comprensión para las enfermas
Hna. Crucifixa Wellmann, 1906, Argentina:
Querida Hermana Crucifixa, si Ud. es enviada de retorno a Steyl por sus superioras (cosa que no puedo creer todavía), será ciertamente bienvenida con toda sinceridad, como lo es también la Hna.Bernarda (Böminghaus). En cualquier caso, déjelo todo en la santa voluntad de Dios. Nuestro buen Dios llevará todo a buen fin. El nos golpea, pero también nos cura.
No lo dudo que Ud. lo encuentre difícil algunas veces. Estar enferma, aun pudiendo trabajar, no es fácil, es como estar condenada a la inactividad debido a la enfermedad. Lo sé por experiencia.
Espero que esta carta la encuentre todavía en Argentina, si es así, le deseo una fiesta de Pascua de Resurrección plena de bendición y gozo; si no, nos encontraremos pronto para poder hablar personalmente.

Como después resultó, ambas, la Hna.Crucifixa y la Hna. Bernarda quedaron en la Argentina y eran capaces de trabajar bien allí.
Finalmente algunas palabras de consuelo para las coordinadoras de comunidad.

En 1906 la Madre Theresia escribió a la Hna. Regina en Brasil:
“Todas las cosas deben aprenderse. Esto vale también para el arte de dirigir a otros/as. No tenemos necesidad de estar demasiado enojadas cuando nos veamos incapaces de satisfacer a todas y cada una; hasta el buen Jesús no logró satisfacer a sus apóstoles. Pero tenemos que hacer el esfuerzo de dejarnos llevar por el amor y la prudencia al intentar guiar a las demás.

Mientras tanto me he enterado que Ud ha intercambiado a la Hermana Cordula y Hna. Suitberta. La Hna. Cordula es una Hermana buena, amante de la paz. Podemos esperar que este cambio favorezca la paz en la pequeña comunidad.

Oración de la Madre Theresia:
Que el Buen Dios conceda a nuestra Congregación muchas superioras sabias y libres de buscarse a ellas mismas, que saben cómo preparar a Hermanas capaces y maduras que se convertirán en columnas que sirvan de soporte para la Congregación. Mucha gracia se necesitará para ello, pero también por nuestra parte mucha virtud, habilidad prudente para enseñar y constante trabajo desinteresado.

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