¿Por qué debemos recordar a nuestros cohermanos difuntos?

Autor: Andrzej Miotk, SVD
Tema: Oración por los difuntos SVD
Idioma: Inglés, Español
Editorial: Arnoldus Nota, Noviembre
Año: 2013
Crosses in the Cemetery

En el mes dedicado especialmente a los difuntos (noviembre de 1937), el P. Superior General, Josef Grendel, publicó el segundo Exertitium Annum para el año 1938. El P. Grendel invitó a sus cohermanos al «recuerdo fiel de nuestros cohermanos difuntos y a una oración ferviente por ellos» (Nuntius SVD, Vol III: 1939-1943, pp. 83-86). También destacó la importancia de cultivar los lazos entre los vivos y los cohermanos difuntos, unidos en una sola comunidad fundada por el P. Arnoldo Janssen.

La preocupación del P. Grendel debió haber traído efectos positivos porque yo mismo experimenté estos lazos durante mis años de formación en nuestro seminario misionero de Pieniê¿no, Polonia. La atención prestada a nuestros profundos lazos familiares, la unión entre los vivos y los cohermanos difuntos, estaba siempre presente en nuestras oraciones cotidianas por los cohermanos difuntos. En el año 1958, fue construido un mausoleo para recordar a los difuntos misioneros SVD de Polonia. En él se encuentran los nombres y las fechas de fallecimiento de dichos cohermanos. Algunos de nuestros cohermanos solían hacer el viacrucis durante sus visitas a las tumbas de los cohermanos en el cementerio. Otros habían cultivado la práctica de la oración diaria, después de la cena, pidiendo una buena muerte. Esta práctica del memento mori (recuerda que morirás) tenía eco de la constituciones de 1891 que invitaban a los cohermanos a ver su propia cama como un ataúd y la oscuridad de la noche como la oscuridad de la muerte. El memento mori era obligatorio en las prácticas de la Congregación y se llevaba a cabo en los servicios litúrgicos especiales de nuestras comunidades por los cohermanos difuntos.

Mientras nuestros predecesores habían ya terminado su peregrinación al servicio del Verbo Divino, nosotros apenas íbamos a comenzar la misma misión. En realidad, como sus sucesores, nosotros íbamos a participar de los frutos de sus trabajos, escuchando sus experiencias y a su legado que nos fue entregado: «la herencia del pasado es la semilla que trae la cosecha del pasado». Todos compartimos el mismo proyecto de Dios siguiendo los pasos de nuestro Fundador.

En su preocupación por el recuerdo de nuestros cohermanos difuntos, el P. General recordó a todos los cohermanos: «Ne unquam fratrum defunctorum memoria omittatur…»(nunca omitas el recuerdo de los cohermanos difuntos). El mismo P. General invitó a todos los cohermanos a cumplir con la recomendación de la Constitución #326 de 1891: recordar a todos los cohermanos difuntos de tal modo que su presencia en la Congregación nunca desaparezca y para que nuestras oraciones silenciosas por su eterno descanso no sean en vano.

La tradición de leer los nombres de los cohermanos difuntos en el comedor en las vísperas del aniversario de la muerte del cohermano es un recordatorio y una inspiración de su memoria viva. «Sí la práctica da frutos va depender de los mismos cohermanos. La lectura de los nombres de los cohermanos difuntos debe animar tanto el alma del cohermano como de toda la comunidad. En este sentido, hay que ser simplemente consciente del respeto que nosotros queremos cuando se lean nuestros nombres». Este pensamiento nos puede enseñar muchas cosas. La práctica de leer los nombres ha sido también incluida en las horas santas delante del Santísimo Sacramento, en la misa del día o en el momento de la comunión. Al hacer todo esto, nosotros seguimos el ejemplo de nuestro Fundador y ponemos en práctica una de las tradiciones más antiguas de la Congregación. En práctica o en Espíritu, todos podemos visitar siempre, en silencio, las tumbas de nuestros cohermanos difuntos. Queremos darles continuamente a ellos la bendición de la comunidad. A cambio, recibiremos la bendición de ellos ahora y por toda la eternidad. Desde ya podemos experimentar el beneficio que trae a nuestras almas tal recuerdo. Es un momento poderoso. Al mismo tiempo, otro beneficio que podemos recibir en nuestras almas de nuestros cohermanos difuntos es su paz y tranquilidad y su seguridad y salvación. Todo esto viene de Dios. A comienzos del año 1938, y en un espíritu de oración, todos los superiores locales fueron invitados a llevar estos pensamientos de la Exertium Annum a todos los cohermanos, seminaristas y novicios. También se les pidió recordar el contenido del tema del ejercicio espiritual a través de todo el año.

La reflexión del P. Superior General, para el año 1938, estaría incompleta si no recordamos que la práctica de recordar a nuestros cohermanos difuntos, especialmente en el altar, es una de las tradiciones bien establecidas desde los inicios de la Congregación. Cuando un cohermano fallecía las campanas de la casa sonaban inmediatamente. Los cohermanos se dirigían a la iglesia y allí escuchaban el anuncio oficial de la muerte del cohermano seguido de oraciones por el eterno descanso de su alma. Desde 1875, la casa misionera de Steyl dio gran importancia a la oración por los cohermanos difuntos de la Congregación. Dichas oraciones incluían las indulgencias por los cohermanos. Hasta 1885, cada cohermano sacerdote de la Congregación, al recibir la noticia de la muerte de un cohermano, debía celebrar una santa misa por su eterno descanso. El aumento en el número de cohermanos obligó a la Congregación a cambiar la tradición conservando de muchas otras formas, los lazos de oración de la familia SVD con los cohermanos difuntos. Poco después de 1900, nuestro Fundador sugirió que todas las provincias debían notificar el Generalato, por medio de un telegrama, de la muerte de un cohermano. También sugirió que se organizara en Steyl la celebración de 15 misas por el eterno descanso de su alma. Otras 15 misas se debían celebrar en la provincia donde el cohermano había muerto. Las Constituciones de 1891 estipulaban la celebración de 30 misas por el cohermano difunto. Esta tradición duró hasta 1944.

En el libro del Jubileo de 1900, una lista completa de todos los cohermanos difuntos, en los primeros 25 años de la Congregación, fue publicada por primera vez. Dicha lista contenía los nombres de 48 cohermanos difuntos. La primera edición del Catalogus, en el año 1912, publicó los nombres de 153 cohermanos difuntos. En el año del Jubileo del año 2000, el número de cohermanos fallecidos llegó a 4.902: 50 obispos, 2.619 sacerdotes, 1.779 Hermanos, 252 escolásticos y 202 novicios. En el año 1917, se inició con la práctica anual, que ahora es una tradición de la SVD, de publicar la lista de los nombres de los cohermanos difuntos y el día de su muerte en el Ordo Divini Offici. La edición actual de Ordo solo incluye los nombres de los cohermanos que han fallecido en los últimos 30 años. La Congregación está a punto de llegar al momento en que el número de cohermanos difuntos va a ser igual al número de cohermanos vivos. Esto puede pasar en cualquier momento.

Otra de las tradiciones edificantes es el cuidado de nuestros cementerios en todo el mundo. El primero en comenzar con esta tradición fue el mismo P. Arnoldo quien, en 1897, vio la necesidad de tener un cementerio propio en Steyl. El primer SVD en ser enterrado en el nuevo cementerio en Steyl fue el Hno. Antonious (Josephus Thissen, 1861-1889) el 26 de marzo de 1889. Otros 15 cohermanos fueron enterrados allí. Un poco después, otros cementerios se establecieron en las casas de misión en Neisse/Nysa siendo las tumbas más antiguas la de San Gabriel (1896) y la de San Wendel (1920). La tumba del primer obispo de la Congregación, John Baptist Anzer, se encuentra en el cementerio ubicado bajo las sombras de la Basílica de San Pedro (1903).

Los cementerios de la Congregación conservan una cierta característica y una apariencia idéntica en muchas partes del mundo, aunque inicialmente los Hermanos y sacerdotes eran sepultados separadamente. En todos los cementerios SVD las tumbas son idénticas sin lápidas y solo marcadas con una cruz en la que se encuentra la información necesaria del cohermano (fecha de los votos perpetuos o/y ordenación). De este modo, la Congregación hace hincapié en la igualdad de todos los miembros de la Congregación y de su internacionalidad. Otra característica de nuestros cementerios verbitas es el viacrucis en el que los que van de visita encuentran un ambiente apropiado para la oración y la meditación.

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