Con Lámparas en nuestras Manos y Aceite en nuestras Lámparas (El bautismo de Santo Arnoldo)

Autor: Antonio Pernia, SVD
Tema: Batismo de Arnoldo Janssen
Idioma: Inglés, Español
Editorial: Arnoldus Nota, Enero/Febrero
Año: 2012
St. Arnold Janssen Church

La siguiente es la homilía del Padre Antonio Pernia en la celebración anual del aniversario del Día del Bautismo («Tauftag») de San Arnoldo Janssen en la Iglesia Parroquial de Santa Magdalena en Goch (Alemania), la iglesia donde fue bautizado, el 6 de noviembre de 2011. Las lecturas son del domingo ordinario XXXII: Sab 6, 12-16 / 1 Tes 4,13-18 / Mt 25, 1-13.

Al igual que Asís en Italia tiene a Francisco, y Padua, también en Italia, tiene a Antonio, así también Goch, en Alemania, tiene a Arnoldo. Hoy nos reunimos para celebrar el aniversario del bautismo («tauftag») de San Arnoldo de Goch. Precisamente, en este aniversario de su bautismo, resulta apropiado referirse a San Arnoldo Janssen como San Arnoldo de Goch.

Porque, como sabemos, cuando alguien se bautiza, se bautiza en la Iglesia a través de la comunidad cristiana a la que pertenece. Cuando uno se bautiza, se bautiza en la fe de la comunidad cristiana de la que se hace miembro. En el rito del bautismo, después de la recitación del credo, el ministro oficiante dice: «Esta es nuestra fe, y en esta fe, yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Entonces el ministro instruye a los padres, a los padrinos y a toda la comunidad, para asegurar que el niño sea educado en la fe en la que es bautizado.

Sacrarium, Iglesia de San Arnoldo Janssen
Sacrarium, Iglesia de San Arnoldo Janssen

Por lo tanto, cuando nos reunimos para celebrar el aniversario del bautismo de San Arnoldo, también celebramos la fe de la comunidad cristiana de Goch. Porque fue en esta fe en la que Arnoldo fue bautizado. Fue esta fe la que lo formó en su niñez y en su juventud. Fue esta fe la que dio forma a su vocación sacerdotal. Fue esta fe la que le inculcó su amor por las misiones. Fue esta fe la que lo llevó más tarde a fundar tres congregaciones religiosas misioneras. Fue esta fe la que lo impulsó a enviar misioneros a Asia, África, Oceanía y América.

La fe en la que somos bautizados es una fe misionera. Es una experiencia de la buena noticia del amor incondicional de Dios para todos los pueblos, es decir, de todos los tiempos y lugares, de todas las generaciones y culturas. Es una experiencia que no podemos guardar para nosotros mismos, sino que tenemos que compartirla con los demás. De lo contrario, no será una experiencia de la buena noticia, no será una experiencia del amor incondicional de Dios. Por lo tanto, la Iglesia en la que somos iniciados por el bautismo es una Iglesia misionera. En palabras del Concilio Vaticano II, la Iglesia es «misionera por su misma naturaleza».

Y así, la fe que recibimos como don en el bautismo contiene la semilla de la vocación misionera. Todos los bautizados tienen una vocación misionera. Todos los cristianos están llamados a ser misioneros. Los diversos miembros de la Iglesia viven esta vocación misionera de maneras diferentes. Por un lado, puede significar el ir a tierras lejanas para compartir la Buena Nueva de Jesús con otros pueblos. Por otro lado, puede significar quedarse en casa y apoyar la misión de la Iglesia con la oración, los sacrificios y los donativos materiales. Para Arnoldo Janssen significó tomar un camino particular: En primer lugar despertando el interés misionero entre los católicos de Alemania a través del Apostolado de la Oración, y después a través de la fundación de tres congregaciones religiosas misioneras para, finalmente, hacer realidad el envío de misioneros a todo el mundo.

En cierto sentido, la vida y el trabajo de Arnoldo Janssen fueron una forma única y elocuente de vivir la vocación misionera. Por eso ahora es San Arnoldo, declarado oficialmente por la Iglesia como modelo e inspiración para todos los cristianos. Nosotros no tenemos que imitar exactamente la forma en que él vivió la vocación misionera. Pero San Arnoldo es un recordatorio para todos nosotros de que en el bautismo todos recibimos una llamada a ser misioneros, que ser cristiano es ser misionero. Creer es compartir nuestra fe con los otros. Ser receptores de la Buena Nueva significa anunciar a los demás el Evangelio de Jesucristo.

En el contexto de la lectura del evangelio de hoy, la fe cristiana que no es misionera sería como llevar lámparas sin aceite: No podremos salir al encuentro del novio y entrar en el banquete de bodas. La fe cristiana que es verdaderamente misionera sería como llevar las lámparas y también el aceite: Eso nos permitirá salir al encuentro del Señor cuando venga, nos permitirá entrar en el Reino de Dios y unirnos al banquete celestial.

San Arnoldo Janssen
San Arnoldo Janssen

La vida y la obra de Arnoldo Janssen nos muestran que lo que le fue implantado en el bautismo él lo hizo fructificar. Y este es su mensaje para nosotros hoy: No que imitemos su vida y su obra, sino que sigamos la trayectoria de su vida. Es decir, vivir nuestras vidas de tal manera que también nosotros hagamos fructificar la semilla de la vocación misionera implantada en el bautismo, cada cual según su condición en la vida, cada cual según su vocación en la vida. Arnoldo Janssen nos recuerda que hemos de salir al encuentro del Señor con lámparas en nuestras manos y aceite en nuestras lámparas.

Queridos hermanos y hermanas, con gran emoción me uno a ustedes en esta hermosa celebración de hoy. Sé muy bien que si me presento ante ustedes hoy, es a causa de Arnoldo Janssen. No sólo porque hace once años fui elegido para ser su sucesor como Superior General de la congregación religiosa misionera que él fundó. Esto, en sí mismo, es ya causa de gran emoción. Pero más allá de eso, creo que puedo decir que mi propia fe y mi vocación son el fruto de la fe y la vocación misionera de Arnoldo Janssen. Yo vengo de una pequeña isla en las Filipinas, donde los misioneros SVD y Hermanas SSpS tenían sendas escuelas. Yo asistí a la escuela de las Hermanas, pero también estuve bajo la influencia de los misioneros SVD, que eran, naturalmente, los capellanes del colegio de las Hermanas. Por lo tanto, con los misioneros de Arnoldo Janssen tuve mi formación en la fe y fue con ellos con los que se desarrolló mi vocación religioso-misionera.

De hecho, incluso puedo decir que yo soy el fruto de su fe. Porque si la fe y la vocación misionera de Arnoldo Janssen tuvieron su origen en la fe de la comunidad cristiana de Goch, entonces mi propia fe y mi vocación, en última instancia, proceden de esta comunidad cristiana. He venido, por lo tanto, a darles las gracias por este don: El don de la fe y el don de la vocación misionera que, a través de Arnoldo Janssen, he recibido de ustedes. Muchas gracias de verdad. Que San Arnoldo de Goch nos inspire a todos a ser fieles a nuestra fe y a nuestra vocación misionera.

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