El tributo al Fundador

Autor: Antonio Pernia, SVD
Tema: Arnoldo Janssen
Idioma: Inglés, Español
Editorial: Arnoldus Nota, Agosto/Septiembre
Año: 2003
Arnold Janssen

La fecha era el 5 de noviembre de 1907. La ocasión era el 70° cumpleaños del P. Arnoldo Janssen, poco más de un año antes de su muerte. Por entonces el P. Arnoldo comenzaba a debilitarse físicamente y se enfermaba a menudo. Por eso los consejeros generales temían que el Fundador no llegara celebrar el 50 aniversario de su ordenación sacerdotal en 1911. Por eso decidieron celebrar, de un modo más solemne, su 70° cumpleaños – aunque eso no fuera lo habitual. De esta manera los cohermanos tendrían la oportunidad de mostrar su aprecio y gratitud al Fundador. Esta decisión fue comunicada a toda la Congregación y en respuesta llegaron de todo el mundo numerosas cartas y fotos. En la oportunidad se preparó un álbum de fotos que daba una visión general de las diversas actividades de la Congregación en todo el mundo.

La celebración central fue en el Seminario Misional en Steyl. La misma fue honrada por la presencia del Obispo Augustín Henninghaus, a cargo de la Misión SVD de Shandong del Sur, en China. Hacia el final de la celebración, el obispo se levantó para dirigir unas palabras a la comunidad, a los amigos invitados y bienhechores. Dijo: “Estoy aquí en nombre de los 40.000 cristianos, que deben a usted, Padre Janssen, la gracia de la fe. Estoy aquí en nombre de 43.000 catecúmenos, a quienes se están enseñando los principios de la Fe Cristiana; estoy aquí para presentarle las almas de más de 150,000 niños, para quienes las puertas del cielo han sido abiertas por el bautismo antes de morir.”

Cuando el celebrante subió para responder, apenas pudo encontrar las palabras adecuadas. Todo lo que pudo decir fue que la bondad de Dios había bendecido su trabajo pero que él era un instrumento imperfecto e indigno en las manos de Dios.

Una de las cartas que llegaron a Steyl era de José Freinademetz, superior provincial en China y, en ausencia del Obispo Henninghaus, administrador apostólico de la Misión de SVD en el Shandong del Sur. Sus palabras resumen bien los sentimientos de los miembros de la Congregación en ese tiempo. Como un hermano mayor, hablaba en nombre de todos sus Cohermanos, al escribir: “Cuando Su Reverencia, en los muchos años de su sacerdocio, contempla el mar casi insondable de gracias y favores que usted…, por una elección muy extraordinaria de Dios, ha hecho llegar al mundo entero, su corazón paternal debe rebozar de alegría y gratitud al querido Dios. En muchas décadas casi no conozco otro hombre, a excepción tal vez de Don Bosco, que por la gracia de Dios haya hecho tanto como Su Reverencia por la Iglesia de Dios y la salvación de almas. Si es verdad que ‘por sus frutos se conocerán’… entonces sus hijos y – casi diría – la Iglesia de Dios toda y el mundo entero, con justa razón le brindan en su cumpleaños, no sólo sus buenos deseos y felicitaciones más cordiales, sino también sus sinceras gracias. Todos sus hijos espirituales, dispersos sobre la faz de la tierra, el 5 de noviembre no dejarán de dar gracias desde el fondo de sus corazones al Padre y Dador de todo Don por todas las grandes cosas que él ha hecho a nuestro padre común… Y cuando finalmente, la Divina Providencia tenga a bien adornar a nuestro padre con la corona de la vida en el coro de las almas privilegiadas que realizaron cosas extraordinarias para Dios y su Santa Iglesia, entonces sus hijos espirituales podrán continuar trabajando, en el espíritu y la virtud del padre, hasta que finalmente el número de los elegidos se complete. En el amor y estima filial, un hijo agradecido de Su Reverencia, José Freinademetz”. (F. Bornemann, P. 475.)

Freinademetz ni se imaginaba que 96 años más tarde, el Fundador estaría recibiendo, junto con él “la corona de la vida en el coro de las almas privilegiadas”. En efecto, la celebración en 1907 parece haber sido algo extraordinario por el hecho de que la misma provino de una decisión del Consejo General, abarcó a toda la congregación en el mundo, y se realizó precisamente para brindar a los cohermanos una oportunidad para pagar tributo a su pa- dre y fundador. En este sentido, la celebración en 1907 parece haber sido ya un anticipo de otra celebración mundial que los miembros de la Familia de Arnoldo próximamente festejarán.

La fecha es el 5 de octubre de 2003. La ocasión es la canonización de Arnoldo Janssen y José Freinademetz (junto al Obispo Daniel Comboni quien conoció y se encontró con Arnoldo Janssen en vida). La celebración principal será en la Plaza San Pedro del Vaticano en Roma. Unos 7,000 peregrinos de todo el mundo y cerca de 600 miembros de la Familia de Arnoldo estarán presentes en la Plaza San Pedro para oír al Santo Padre proclamar a Arnoldo y a José santos de la Iglesia Católica. De este modo, la celebración no será solamente de nuestra fa- milia religiosa sino de toda la Iglesia, porque la Divina Providencia, como escribió José Freinademetz hace 96 años, tuvo a bien adornar a nuestro padre y fundador, junto al mismo Freinademetz, ‘con la corona de la vida en el coro de las almas privilegiadas que realizaron cosas extraordinarias para Dios y su Santa Iglesia’.

Pero habrá también otras celebraciones, quizás más pequeñas, dondequiera haya miembros de las tres congregaciones que Arnoldo Janssen fundó. Ya han llegado de todo el mundo artículos, libros, carteles, composiciones de cantos, música litúrgica, videos, medallas, pinturas y otros recuerdos – todo con el fin expresar nuestra alegría por la canonización de Arnoldo y José y para dar tributo a nuestro Fundador y nuestro Primer Misionero.

Por último, el tributo más grande a nuestro padre y fundador es, sin duda, la canonización junto con él de nuestro hermano mayor, José Freinademetz. Pues José fue la realización del sueño de Arnoldo, la personificación de la idea que Arnoldo tenía de un misionero. Como dijo una vez el Obispo Henninghaus refiriéndose a José , “la característica más sobresaliente en él fue su bondad amable sin medida. Estaba dotado de los rasgos tan necesarios al misionero que son: una gentileza y bondad permanentes, que conquistan los corazones, y una paciencia incansable, que es la caridad incomparable de uno que se olvida de sí mismo. Siempre estaba de buen humor”. En 1877, cuando José Freinademetz, junto con Arnoldo Janssen, se acercaron a su obispo para pedir el permiso para ingresar en la SVD en Steyl, el obispo dijo, “El Obispo de Bressanone dice NO, pero el obispo de la Iglesia Católica dice SI. Tome a mi hijo y haga de él un buen misionero. Pero dándoselo a usted, le estoy confiando la perla de mi diócesis”.

José Freinademetz es también la perla de nuestra familia religiosa misionera. Él es nuestro primer misionero, no sólo en el sentido cronológico sino también en cuanto modelo. Fue uno de los dos primeros misioneros que fueron enviados. Pero él es también nuestro misionero ejemplar. El es la flor más hermosa en nuestro jardín ‘Arnoldiano’. Y él es nuestro tributo a ti, P. Arnoldo.

Él es la promesa de lo que todos podemos llegar a ser y el anticipo de lo que todos debemos ser. Como escribió en 1907, siguiendo su ejemplo nosotros seguiremos trabajando, en tu espíritu y según tu visión, hasta que la tiniebla del pecado y la noche de la incredulidad desaparezcan ante la luz del Verbo y el Espíritu de la gracia.

Publicado em Arnoldus Nota Agosto/Septiembre 2003

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