Celebrando a un Santo Poco Conocido

Autor: Anto Porothur, SVD, Traductor: Gino Jimenez, SVD
Tema: Arnoldo Janssen
Idioma: Inglés, Español
Editorial: Generalato SVD
Año: 2003
Painting of Arnold Janssen for canonization

Arnoldo Janssen (1837-1909)

¿Y quién es él?

La canonización de Arnoldo Janssen junto a José Freinademetz, el primer misionero que él envió a China, está programada para el 05 de octubre 2003. Aparentemente, a él no se lo considera famoso. Él no fue un Agustín quien pasó por una gran experiencia de conversión, tampoco un Francisco de Asís quien se destacó por ser un ícono de la pobreza y sencillez, menos un Ignacio de Loyola que defendió a la Iglesia contra las masacres de la Reforma, tampoco un Padre Pio quien tuvo los estigmas como su marca de santidad, como tampoco un Maximiliano Kolbe, quien sacrificó su vida por la salvación de un prisionero condenado a muerte (Jn.13:15). Él no es inclusive como Madre Teresa quien es conocida en el mundo como la Santa de las alcantarillas, inclusive antes de ser beatificada. Así es que existe un tal Janssen. Y quién es él, permanece la pregunta y ¿por qué canonizarlo?

Pamela, una niña de Filipinas llama con cariño a Arnoldo Janssen como “Papá Arnoldo”. Ella no se va a la cama cada día sin antes agradecerle y desearle a su “Papá” unas buenas noches. ¿Por qué? Porque después que sufrió un accidente el 02 de enero de 1995, ella había quedado con daños cerebrales y los doctores la habían desahuciada. Ella atribuye su sanación milagrosa y su recuperación total a su intercesión en el cielo. Así es que parece que hay algo extraordinario en este hombre ordinario. ¿Qué es lo inusual acerca de él?

Janssen, el hombre

En un pequeño pueblo llamado Goch en Alemania, cerca de la frontera holandesa, vivía Gerhard Janssen (1801- 1870), casado con Catalina Wellesen (1809 – 1891) de una parroquia cercana en 1834. Esta sencilla pareja trató de criar a su familia con un pobre ingreso de su granja completándolo con la renta por fletes hasta que la línea férrea apareció en la escena. ¡Obviamente no había sangre azul en este linaje!

La oración de la Biblia, especialmente el Prólogo del Evangelio de San Juan fue casi una práctica diaria, particularmente en tiempos de enfermedad o dificultad. Después de tres años de su matrimonio ellos fueron bendecidos con un hijo al que le pusieron el nombre de Arnoldo. El niño nació rubio, de ojos café y una nariz prominente, muchas de sus características faciales se asemejan bastante a su madre. Su voz aunque alta no era muy resonante. En realidad el cantar y la música no eran para él. En el plan de la Providencia, era la persona destinada a ser Padre de la familia misionera de Arnoldo que consistía en tres congregaciones religiosas. De los diez hijos nacidos de estos padres, siete sobrevivieron la infancia. Dos mellizos fueron religiosos – uno un capuchino y el otro un sacerdote SVD.

Los rasgos del carácter de Arnoldo han sido bastante conocidos entre sus contemporáneos y cercanos. A menudo lo consideraban de disciplina estricta, trabajador, no transable en sus principios, de valiente convicción y fiel en la vida de oración. La mayor parte de estos, los heredó del Señor Janssen, quien definitivamente dejó una profunda impresión en él como joven. Pero a pesar de ser generalmente considerado como inflexible, él tenía su propia manera de mostrar bondad a sus semejantes. Mantuvo buenas relaciones con aquellos que salieron y aquellos que fueron despedidos de la congregación.

A pesar que, en sus propias palabras, él no era un estudiante brillante en el colegio, Arnoldo pasó todos los exámenes del Real Consejo de Examinadores de Münster con un grado “satisfactorio”. Él tenía un interés especial por las ciencias naturales. Cuando era estudiante en la Universidad de Bonn, se le premió su ensayo sobre la “Formación de Plantas”. Pero la favorita era Matemáticas a la que llamaba su “materia amada”. Cierta vez ganó una competencia para resolver un complejo problema matemático.

Con el transcurso de los años desarrollo alguna capacidad para aprender idiomas modernos de los países vecinos como francés e inglés. Su interés en la literatura lo condujo a estudiar algunas de las obras de Shakespeare. Aparte de estar cualificado para enseñar esas materias en el colegio, él adquirió un buen manejo de hebreo también. Aprendió español por sí mismo cuando se vio en la necesidad de preparar a las futuras hermanas misioneras para Sudamérica.

Arnoldo comenzó su vida sacerdotal (ordenado en 1861) como un profesor responsable. Él mostró habilidades como organizador, capacidad para tomar riesgos y cualidades de liderazgo. Inclusive había un dejo de comerciante en él. Él era un hombre que usó todas las ocasiones para crecer. En las palabras de Guillermo Gier (Superior General SVD de 1920-1932), él era un hombre que crecía constantemente: “Si comparamos Arnoldo Janssen en 1880 o 1890 con el Fundador del 1900 y posteriormente, en realidad ya no lo podremos reconocer”.

Su Profundo Legado Espiritual

La confianza en el poder de la oración estaba en sus genes. Inclusive como un joven sacerdote al dirigirse al Congreso Católico Alemán, él sentenció: “Cristo necesita nuestras oraciones y sacrificios. A su vez, nuestras oraciones y sacrificios tienen un efecto de por sí. Nosotros debemos orar por la gracia de una renovación de la fe en los países católicos. Debemos orar para que nuestros hermanos separados, no solo individuos sino toda la nación pueda regresar a la unidad de la fe. Nosotros nos atrevemos a esperar esto por la gracia de Dios”.

Arnoldo estaba convencido que los santos no nacen, sino que se forman gradualmente por la gracia como lo señaló durante una conferencia a las hermanas de clausura. En realidad, él estaba en una especie de exploración interior. “Encontraré y adoraré a Dios en mi propio corazón. Él no solo está presente en nosotros, Él vive en nosotros”. No es de extrañar que compusiera una breve oración la que solía decir cada quince minutos para estar en constante comunión con la Santísima Trinidad.

El Evangelio de San Juan ha sido la principal fuente espiritual para Janssen. A menudo meditaba Jn. 17: 1-26 tratando de desarrollar una teología trinitaria por sí mismo. “El Padre mira su imagen en el Hijo, el Hijo a su vez se refleja en el Padre, y en esta visión ambos son conscientes de su plenitud  y perfección infinita en Dios; de esta consciencia brota un maravilloso, profundo e inefable amor del Padre por el Hijo y el Hijo por el Padre. De este amor procede el Espíritu Santo.

La elección de la palabra “Divino” en el nombre de la congregación fue hecho después de mucha reflexión: “Entendemos el adjetivo “divino” referido como a las tres personas de la Santísima Trinidad. Por lo tanto, por Verbo Divino queremos significar el Hijo Encarnado, esto es, el Evangelio de Jesucristo y la Palabra del Espíritu Santo, lo que es, las Sagradas Escrituras en su totalidad, la Palabra de los profetas, apóstoles y sacerdotes tanto como ellos predicaron bajo la inspiración del Espíritu Santo”.

Esta fuerte convicción acerca de la primacía de la Palabra le ocasionó también problemas. Cuando él sometió el borrador de las Constituciones a la Sagrada Congregación para ser aprobadas, el censor, Doménico Serafini las objetó diciendo que contenían demasiadas citas bíblicas y muy poca referencia al Derecho Canónico. Pero Arnoldo no se echó atrás bajo la presión. Su determinación ganó la partida.

Al ser consciente de la Filiación revelada en el Verbo Encarnado, Janssen, en esos momentos de una profunda intimidad con lo Divino, sintió que la mirada de Dios estaba sobre él tanto cuanto él enfocaba toda su atención a su Señor. Por ello dijo: “Así como contemplamos a Dios, así es como Él nos contempla, y la mirada de su ojo divino está firmemente dirigido a nuestras almas, penetrando hasta en lo más profundo”. Su comprensión de contemplación se filtraba en las Reglas que elaboró para las Hermanas que engloba la luna, el sol, las estrellas, tormentas, montañas, ríos, valles, animales y plantas e incluso los elementos porque es por medio de la Palabra que todo fue hecho.

En el fondo de su corazón Janssen estaba lleno de una devoción especial por el Espíritu Santo. Al estar convencido que la misión es obra del Espíritu él introdujo el canto del Veni Creator Spiritus desde que comenzó el seminario misional. Posteriormente él hizo una consagración personal de sí mismo al Espíritu Santo. Exactamente un año antes de la fundación de la Congregación SSpS él consagró toda la Congregación del Verbo Divino al Espíritu Santo.

La espiritualidad trinitaria de Arnoldo, que aparentemente suena como muy cerebral, tenía también una dimensión del corazón desde donde brotan los sentimientos y afectos humanos. Su devoción al Santísimo Sacramento y el Sagrado Corazón deberían ser vistos como una conexión vital que conecta el Verbo con algunos profundos sentimientos espirituales escondidos en el corazón humano. “El Verbo Eterno no estaba contento con amarnos como Dios. Él quería amarnos también en una humanidad asumida en el Sagrado Corazón de Jesús. Este gran amor manifestado continuamente en el Santísimo Sacramento y permaneciendo por toda la eternidad es la suma de la vida espiritual” (La Espiritualidad de Arnoldo Janssen para nuestros tiempos, p.183).

Janssen no creyó en perpetuar una disciplina rigorosa y ascética como parte de su espiritualidad de por sí. Su trato de esto fue más aterrizado. Mientras elaboraba las reglas para las Hermanas de clausura él les dijo en una oportunidad: “Yo no prescribo para ustedes ninguna práctica ascética especial. Ustedes tendrán suficientes de éstas en su vida comunitaria diaria”. ¡Qué profundidad en la dimensión humana de la vida de clausura!

Una Visión Misionera amplia

A diferencia de una impresión común entre mucha gente, Janssen tenía una comprensión muy amplia de la misión. Él no era solo otro duro defensor del proselitismo. En su comprensión retrospectiva se podía decir que su visión era muy cercana a aquella de la Encíclica Papal Evangelii Nuntiandi. Renovación de la fe católica era tan importante como predicar el Evangelio a no- cristianos en tierras lejanas. Él se convirtió en un promotor celoso del Apostolado de la Oración de forma de responder a esta necesidad. La renovación es posible solo por la recepción de la gracia. Es mediante la oración que se obtiene esta gracia. Sus iniciativas para promover devociones estaban dirigidas hacia la renovación de la fe. Una instrucción adecuada en doctrinas fue considerada como un componente esencial en conservar la fe. Poder entrar en el campo de las publicaciones de literatura católica fue con la intención de alcanzar una audiencia mayor con lo básico de una enseñanza genuinamente católica.

Rezar y trabajar por la unidad de todos los cristianos es una parte integral de la evangelización. Durante su histórica conferencia en el Congreso Católico, sus palabras sonaron como las de un profeta: “Señores, imaginen por un momento que aquella antigua y orgullosa Inglaterra, con sus amplios dominios en este mundo fuera un joven país católico, lleno de celo y alegría por la posesión de su nueva fe y los tesoros de salvación. ¡Cómo eso renovaría la faz de la tierra! Por lo tanto, debemos rezar por un renacimiento de la fe en aquellos países que llegaron a ser cristianos hace mucho tiempo. Si ellos sufren el hundimiento de su fe, nosotros debemos contar con la posibilidad que Dios pueda transferir su favor al mundo pagano”. Cien años más tarde, se prueba que él estaba en lo cierto porque el cristianismo no parece hacer sentido a la vasta mayoría de las personas en Europa occidental.

Su visión misionera no fue estrecha pensando solo en Europa, aunque era prominente en su mente. Él deseaba que la Palabra llegara a ser conocida donde no había sido predicada. Así, el gran territorio de China fue prioritario en su mente. Los primeros misioneros fueron enviados a otro continente para propagar la Buena Noticia como fue solicitado por el Prefecto Apostólico Raimondi de Hong Kong. Durante su vida fue capaz de ver cómo esta misión dio muchos resultados. En su cumpleaños N°70 el entonces obispo de Shantung Sur (Henninghaus), durante sus palabras de felicitaciones dijo que estaba saludando a Janssen en el nombre de 40.000 cristianos chinos quienes debían este don de la fe a él como también muchos catecúmenos que estaban en camino a abrazar la fe.

El segundo  propósito de fundar la congregación fue la promoción de las ciencias. Teniendo este ideal en mente él trazó un amplio programa para integrar esto en el carisma fundacional. La razón de este énfasis fue la necesidad de cultivar un espíritu de búsqueda científica en las casas de estudios en Europa y las escuelas de las misiones. Él estaba convencido que la Iglesia no sería capaz de ganar las mentes de los hombres y retener su alianza a menos ella se convierte en un líder del conocimiento secular y simultáneamente de sincera piedad como celo apostólico. Es así que en el talento de Wilhelm Schmidt encontró que su sueño podía realizarse en el campo de la etnología.

Janssen fue un celoso promotor de publicaciones sobre devociones cristianas y doctrina. Él estaba convencido del vasto alcance que tienen las palabras impresas como solía decir: “Las palabras habladas desaparecen, las impresas permanecen. Los buenos libros pueden llegar a lugares que un buen sermón no penetraría nunca”. Inaugurando la imprenta de Steyl en 1876, Janssen había dicho que en la época de Jesús la palabra impresa era desconocida, pero es conocida en nuestros tiempos. Por lo tanto, los siervos de Jesús deben usarla también de forma de hacer el bien”. Así, conociendo el alcance e impacto de la palabra escrita él publicó una serie de folletos y manuales modernos. La circulación combinada de éstos llegó a sobrepasar las 400.000 copias en poco tiempo.

El Padre de una Familia

“Si nadie lo hace, hazlo tú mismo”, fueron las palabras del Prefecto Apostólico Raimondi de Hong Kong, de las cuales se agarró para la decisión de comenzar el Seminario Misional de Steyl. Este evento singular tuvo lugar en la fiesta de la Natividad de la Virgen María en 1875. Cerca de un año más tarde, Janssen y su compañero Anzer emitieron sus primeros votos un 16 de junio, en la fiesta del Sagrado Corazón. Hasta ese momento, él no estaba totalmente consciente del futuro significado de este acto. Pero en efecto, él estaba colocando la piedra angular para la familia religiosa que eventualmente construiría.

La idea de establecer un seminario misional lentamente se transformó en fundación de una congregación misionera. Cuando se llegó a establecer el nombre del instituto, también se cruzaron obstáculos. Janssen quería que la naciente congregación sea bautizada como “Sociedad del Verbo Divino”, pero el cardenal Sattoli, entonces Prefecto de Propaganda Fide, trató de meter variantes en su plan. Llámele “Sociedad de los Adoradores del Verbo Divino”, él había establecido primero. Janssen entonces argumentaba que el Verbo era el primer misionero. Más aún, existía ya una congregación de La Santísima Trinidad, una Sociedad de Jesús, una Congregación del Santo Redentor. Ante sus sanos argumentos teológicos el cardenal no pudo ya mantener sus anteriores objeciones. Finalmente, su eminencia lo dejó a la intervención del Santo Oficio.

Agregar una rama de Hermanos Laicos fue el desarrollo siguiente en la pequeña familia. La imprenta junto al seminario estaba necesitada de trabajadores dedicados para producir publicaciones de calidad a la vez que cumplir con las órdenes de impresión puntualmente. Tener a clérigos en estos trabajos no garantiza una solución satisfactoria. También emplear laicos tiene sus limitaciones. Entonces él pensó en la idea de reclutar candidatos de Hermanos. En 1877 le llegaron las primeras solicitudes. De ahí en adelante, hubo un fluir constante de candidatos. Estos hombres sencillos, austeros, trabajadores y devotos eventualmente llegaron a ser la columna vertebral del apostolado de la prensa. Aparte de ello, manejando las máquinas en la prensa muchos de ellos, como soldados a pie, fueron de puerta en puerta en los países de habla alemana, consiguiendo suscriptores para las publicaciones misioneras.

Desde un principio se puso un énfasis especial en mantener en la familia un carácter internacional. En este punto, Janssen fue decidido y había expresado sus opiniones bastante claramente al Prefecto de Propaganda: “Creo que no tendremos éxito a menos que fundemos una congregación religiosa. Pero soy reacio a multiplicar este tipo de congregaciones, especialmente una con un carácter nacional – la cual a menudo hoy es enemiga de Dios”.

Sus hechos calzaron con sus palabras. La primera comunidad que fue constituida por cuatro miembros fue compuesta por personas de diferentes grupos étnicos nacionales. Él  se mantuvo firme incluso cunado dos de ellos decidieron abandonar, aparentemente en este punto. En su afán por mantener esta hermosa característica en su familia misionera, él a menudo se dirigió a los miembros para que estuvieran alertas contra el falso orgullo nacional. Promover este ideal le facilitó a la congregación comenzar la misión entre los afroamericanos en EEUU e inclusive reclutar entre ellos, en forma pionera, candidatos para el sacerdocio.

La siguiente suma a la familia, después de los Hermanos, fue la rama de las Hermanas. Los primeros misioneros en China informaron a Janssen que las Hermanas misioneras podrían dar una formación adecuada a las amas de casa, por el hecho que las costumbres locales prohibían a los sacerdotes instruir a las mujeres. En otros lados también sus servicios serían muy solicitados para manejar orfanatos y escuelas de niñas. María Stollenwerk y compañeras que vinieron con la intención de ser misioneras pero estaban ayudando en labores de cocina del seminario, después de un largo período de prueba de su vocación, fueron admitidas como las primeras candidatas de las Hermanas Siervas del Espíritu Santo (SSPS).

Janssen tenía una visión misionera muy amplia para las Hermanas. Él se daba cuenta que como enfermeras harían un trabajo excelente en los países de misión. Cuidar a los enfermos fue uno de los trabajos tradicionales que ellas hacían como parte de su profesión médica. ¿Pero Hermanas practicando como Matronas? Bien, más de cien años atrás de esto prácticamente nunca se escuchó. Es así, que por el interés de la misión él hizo un esfuerzo sobrehumano para obtener un permiso especial del Vaticano. Y produjo fruto. ¡Fue una forma tranquila de sembrar las semillas para empoderar a las mujeres sin decirlo en muchas palabras!

Sin el poder de la oración no habría mucho fruto para el trabajo de un misionero en la Viña del Maestro. Esa fue una de las convicciones más profundas de Janssen. De la primera comunidad de las Hermanas él había seleccionado algunas de ellas para la adoración continua del Santísimo Sacramento. En 1896 se hizo una separación total del grupo y así, la Congregación de las SSpS de Hermanas de Adoración Perpetua comenzó a existir bajo la regla del claustro. A pesar de ser menos numerosas, ese fue el último de los hijos nacidos de la paternidad de Janssen.

Janssen un Hombre adelantado a su tiempo

De muchas maneras Janssen fue un hombre adelantado a su tiempo. Los cambios que tuvieron lugar en la Iglesia durante los pasados cincuenta o sesenta años amplifican este punto. El objetivo secundario de comenzar la congregación fue promover las ciencias. Para él no existía una separación estricta entre lo sagrado y lo secular. En la encarnación, él vio el encuentro de lo divino y lo humano, lo sagrado con lo secular. Ciencia y religión tienen un terreno común de encuentro, tal como el Verbo está presente en la vida humana, en cada ser viviente, en cada creatura, en todo el universo y es por el Verbo que todo ha sido creado. Por lo tanto, desarrollar una filosofía como una crítica de las ciencias, una sentida necesidad de nuestros tiempos, estaría en concordancia con su visión de promover búsquedas académicas superiores.

El espíritu de Janssen se remontó a las alturas. Aunque él creyó en convertir paganos, él no los miró en menos como objetos, sino sujetos con dignidad propia y respetó su identidad étnica. Se les instruyó a los misioneros que estimaran las culturas de la gente a las que fueran enviados, ya sean razas negras, blancas, café o amarillas. La actitud provee la base para desarrollar encuentros misioneros que cortan a través de estrechas fronteras religiosas o ideológicas y descubren cómo el Espíritu está trabajando en las diversas religiones, países y culturas.

Como el profeta Ezequiel, masticando la Palabra, ésta también estaba en el menú diario de Janssen. Él estudió y reflexionó acerca de la Palabra de Dios diariamente. Es por ello que ésta fluyó naturalmente en la Regla que enmarcó para la congregación. En el currículo del seminario el estudio de la Escritura tenía un puesto prominente. También, para la formación de las Hermanas, él les enseñó Sagradas Escrituras como una de sus materias. Le tomó a la Iglesia más de sesenta años reconocer la primacía de la Palabra de Dios en la vida cristiana. Aunque el proceso para obtener la aprobación papal de las Constituciones se demoró, visto en retrospectiva, muchos aprecian la sabiduría detrás de su determinación de tener a la Palabra de Dios de vuelta en su lugar central. Así también, muchos del Movimiento Carismático hoy admiran a Janssen por su gran devoción al Espíritu Santo.

La búsqueda de reconocimiento de la mujer por la igualdad de género, es una preocupación importante hoy en círculos eclesiásticos. Janssen hizo que las congregaciones de las Hermanas fueran independientes, asegurando así, su autonomía. En el transcurso del tiempo, este desarrollo ayudó a las Hermanas SSpS a aventurarse en iniciativas misioneras y preservar así una propia identidad separada. Su espíritu pionero está floreciendo crecientemente con el pasar del tiempo. La visión original de Janssen necesita aplicarse para reflexionar acerca de la rápida y cambiante situación de la mujer en el mundo de hoy.

Celebrar a Janssen

La saga terrena de Arnoldo Janssen terminó el 15 de enero de 1909. Toda su vida fue un viaje de fe profunda y fidelidad profunda a la Iglesia. El nuncio papal en La Haya, Holanda, cierta vez lo recomendó al Vaticano con estas palabras: “Estoy en buen conocimiento del P. Janssen y le puedo dar una recomendación intachable con respecto a su espiritualidad, su fiel adhesión al pensamiento de la Iglesia y su dedicación a sus  intereses”.

A pesar de recibir ésta abierta aprobación acerca de su vida virtuosa, de por sí, Janssen, el Padre de un legado espiritual y familia religiosa, permaneció como un alma humilde y modesta. En sus anotaciones personales, su evaluación es algo así: “no merezco ser estimado y honrado, porque he cumplido la santa voluntad de Dios tan mal en demasiados aspectos y en todo caso soy un pobre pecador. He resuelto frecuente y esforzadamente ser bueno, un padre sabio y madre amorosa hacia todos mis súbditos. Pero Dios sabe cuán pobremente yo he podido cumplir esto”. Solo por razón de su humildad que acompaña una vida santa, a Janssen, aunque poco conocido, vale la pena celebrarlo. ¿No estarías de acuerdo?

Referencias: Fritz Bornemann: P. Arnoldo Janssen; Josef Alt: Journey in Faith; Arnoldo Janssen Espiritualidad para nuestros tiempos.

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